10 de Diciembre de 2018

Opinion

Las últimas horas

Desde julio, Peña Nieto dejó que su sucesor pusiera la agenda nacional, le robara reflectores en los medios y dispusiera de las dependencias del Ejecutivo.

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Enrique Peña Nieto regresa hoy de Argentina, donde acudió a la cumbre del G-20, para estar listo mañana y entregar la banda presidencial a Andrés Manuel López Obrador en el Congreso de la Unión. Una ceremonia de trámite, porque ya desde julio dejó que su sucesor pusiera la agenda nacional, le robara reflectores en los medios y dispusiera de las dependencias del Ejecutivo, un vacío de poder sin precedente en sucesiones anteriores.

Sus últimas horas como presidente, Peña Nieto las ha consumido en giras entregando obras (algunas inconclusas), alardeando de sus logros, asumiéndose como un mandatario que tiene el aprecio de la gente, y exhortando a que el nuevo gobierno reconozca que algunos planes y programas deben continuar, aunque ya el Congreso morenista ha desarticulado y reconfigurado el organigrama federal.

Y es que seis años de muchos desaciertos le han pasado la factura al mexiquense, que se va con un 74% de desaprobación, según Encuesta Mitofsky, algo nunca visto en un presidente saliente (tras haber arrancado su sexenio con un 54% de aprobación) y con la percepción ciudadana de que pactó con el tabasqueño para evitar que se dé seguimiento a los actos de corrupción que se cometieron en su administración, por comisión u omisión.

López Obrador ha dicho que quiere “borrón y cuenta nueva”, pero una encuesta puede echar por la borda esas intenciones.

Por otra parte, el desmantelamiento del Estado Mayor Presidencial, que por décadas cuidó al Ejecutivo y su familia y a los secretarios de Estado, significó el punto de quiebre con el que AMLO marcó lo que será su gestión, y aunque éste ha pedido el apoyo de soldados y marinos para seguir combatiendo a la delincuencia en las calles, la participación de las fuerzas armadas y policías formados por militares que planteó en su modelo de seguridad es cuestionada por organizaciones civiles nacionales e internacionales, que perciben el riesgo de que aumenten los abusos.

En el ocaso de su presidencia, en una de sus últimas giras, Enrique Peña Nieto, de 52 años, dijo que un presidente “tiene la oportunidad en seis años de dejar su huella y contribuir a generar una mejor nación…”.

Ha querido hacer un balance positivo de su gestión, que en realidad es negativo. Seguro que dejó su impronta, y aunque es muy pronto para hacer juicios, parece que la historia no será benévola con él.

Anexo "1"

Agenda militar y naval

 Inauguración de cuarteles, hospitales, complejos militares y navales, botaduras de buques, pasando por discursos de despedida a las tropas y al presidente, con loas de uno y otro bando, incluido intercambio de reconocimientos y condecoraciones. Estos eventos enmarcan la despedida entre el titular del Ejecutivo y las fuerzas armadas, algo nunca antes visto.

 Juntos o por separado, los secretarios de Defensa y de Marina han cumplido en las últimas semanas una saturada agenda en este agitado periodo de transición, como queriendo dejar constancia del rol que han desempeñado el Ejército y la Armada, ante la incógnita de cómo será esa relación con su nuevo comandante supremo, quien ya pidió el apoyo de las tropas para seguir cumpliendo tareas de seguridad. Mañana comienza una nueva era para las fuerzas armadas, esperamos que sea para el bien de México.  

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