23 de Septiembre de 2018

Yucatán

Liberan del maltrato a un caballo tierrero

Defensora de los derechos de los animales propicia que le decomisen el animal a un jardinero del sur de Mérida.

El caballo permanecía ajeno al debate sobre sus derechos. (SIPSE)
El caballo permanecía ajeno al debate sobre sus derechos. (SIPSE)
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Jesús Mejía/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- “Desconocer la ley no le exime de su responsabilidad”. Con esas palabras, propias de un abogado o político, Silvia Cortés, conocida defensora de animales, confrontó y desarmó al señor Jorge Cocom, un jardinero de playera roída y sandalias rotas, a quien le aseguraron su caballo, su medio de transporte en la ciudad.

“Yo no sabía de esa ley. Si me hubieran avisado que no se puede andar en la calle, no saco el caballo”, dijo resignado, entre policías municipales, curiosos y su acusadora principal, la directora de la asociación Evolución Animal A.C.

Para mala suerte del jardinero, la defensora pasó con su vehículo por el lugar donde se encontraba atado el equino y se bajó para intervenir, llamar a la Policía Municipal y pedir que aseguraran al equino.

El afectado, cabizbajo, vecino del sur de la ciudad -de la calle 42-, dijo que con ello le quitan su medio de transporte de tierra y herramientas de trabajo. Inmutable como un fiscal, la contraparte le recordó que desde marzo pasado se prohíbe que los caballos llamados “tierreros” transiten por las calles de Mérida.

Jorge Cocom recorrió con su carreta más de 10 kilómetros para trabajar en el jardín de una casa de Circuito Colonias Norte por calle 8 de la colonia Felipe Carrillo Puerto, donde amarró su caballo a un poste de la avenida principal, sin reparar lo que vendría.

"Debieron decirme"

“¿Por qué no se me llamó la atención? Debían de avisarme que no debía salir con el animal, pero no, vinieron directamente a quitármelo”, se preguntó en tono de molestia el señor Cocom, ya pasado de 40 años, con rastros de tierra en la camiseta.

“Al que roban lo dejan libre y al que trabaja lo chin...", dijo Jorge.

Ajeno a lo sucedido, el caballo proseguía sus propias "cavilaciones" mientras sus patas traseras pisaban una masa considerable de estiércol, signo de que alimento no le falta.

Los policías municipales, fuera de su jurisdicción, con sus luces de torreta, llamaron la atención de los vecinos y esperaron la llegada del remolque de la Facultad de Veterinaria de la Uady, a donde habría sido llevado el cuadrúpedo.

Así, la defensora de los animales hizo valer el derecho, pero dejó a un trabajador a su suerte, lejos de su casa, con carreta, pero sin su fuerza motriz, sin su caballo.

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