20 de Octubre de 2018

Opinión

Los saberes de don Cleto

Don Anacleto Chan Várguez es nato de Temozón, Abalá, y tiene 87 años de edad...

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Don Anacleto Chan Várguez es nato de Temozón, Abalá, y tiene 87 años de edad. A partir de una entrevista que le hicieron se popularizó la frase ueyano’ne’, “aquí estamos”. Desde los cinco años, don Cleto quedó huérfano de padre y madre y fue adoptado por una familia del mismo poblado. Su interés por el trabajo y las ganas de superarse le permitieron sumarse a la administración de la desfibradora de Temozón. Don Cleto dice que tenía seis años cuando el general Lázaro Cárdenas visitó la hacienda, de paso para Uxmal.

Este anciano es una verdadera enciclopedia de saberes de su tiempo y al escuchar su narración nos transporta a una vida diferente a la nuestra. Un aspecto interesante es el conocimiento que tiene de la herbolaria y cómo curaba a las personas del poblado que no contaba con servicio médico.

El carcaneal rajado: comenta que días antes de casarse le dijo a su futura esposa Panchita que tenía que ponerse zapatos cerrados para la boda, pero ella, con algo de pena, le dijo que no iba a poder porque tenía el carcaneal rajado y eso le causaría dolor. Don Cleto le dijo: No te preocupes, mañana comemos dos gallinas y te curo. Al día siguiente, mataron las gallinas y separó la hiel. Don Cleto le indicó a Panchita que se lavara muy bien los pies y después de secarlos, le untó la hiel en el rajado carcañal. Al paso de los días desaparecieron las rajaduras y Panchita pudo lucir zapatos nuevos en la ceremonia nupcial.

Lombricida de pepita top’: un día fue a la casa de un amigo a comprar maíz. Al llegar vio que el hijo más pequeño de aquél tenía la barriga inflamada; el pequeño estaba casi inconsciente. La familia ya se había resignado a que la criatura muera. Don Cleto pidió pepita de calabaza top’, que tostaron y molieron. Con la pepita molida se preparó una horchata que le dieron de beber al niño que, después de un rato, empezó a defecar lombrices. La humilde familia muy agradecida le ofreció a don Cleto un almuerzo. El suculento guiso fue de nueve tuzas pibil, con tortillas de mano y frijoles. El anciano aún disfruta recordando la delicia de ese manjar hoy en el olvido.

El amigo Andrés: un día don Cleto fue a visitar a su amigo Andrés que estaba muy preocupado porque lo iban a operar de piedras en el riñón. Don Cleto le recetó agua de la corteza de chintok hervida para tomar con popote y le pidió que al día siguiente colara la orina con una tela blanca y la sacara al sol; el brillo del wix indicaría que la piedra se deshacía. Al amigo Andrés ya no fue necesario operarlo porque estaba pasando la piedra.

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