18 de Noviembre de 2018

Opinión

Caos en el ambiente igual a caos en la mente

Durante los años de la secundaria me gustaba escuchar la estridencia de los tipos de la vieja Remington...

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Durante los años de la secundaria me gustaba escuchar la estridencia de los tipos de la vieja Remington, en la que el bachiller Ignacio Lara Gómez escribía sus columnas para el Diario del Sureste.

El bachiller Lara era director de la escuela secundaria estatal “José Inés Novelo”, de la ciudad de Valladolid, Yucatán. Además tenía a su cargo la asignatura de Matemáticas.

Yo tenía idea de que quería ser locutor, pero no tenía muy claro si quería ser periodista. En mi cabeza, locutores y periodistas me parecían personajes inalcanzables. Como si fueran personajes especiales, casi de otro planeta, dicho metafóricamente.

Con el tiempo comprendí que sí eran personajes especiales por tener en sus manos la capacidad de comunicar lo que decían a grandes audiencias, pero sobre todo la responsabilidad para hacerlo con propiedad y con verdad.

La influencia de la educación en casa y en escuela han sido determinantes para definir el derrotero que le he dado a mi vida.

Los periódicos han jugado también un papel de primer orden gracias a que mis padres eran grandes lectores de ellos. Primero fue el Diario de Yucatán. A partir de 1965 fueron dos los periódicos que entraron a casa cuando nació Novedades de Yucatán y nos lo entregaba a domicilio el señor Juan Cosgaya.

En el Diario de Yucatán buscaba con gran interés los artículos boxísticos de Juan Brea y los de Eduardo Amer en el Novedades.

Como los maestros en la escuela, los comunicadores a veces no saben de qué profundidad son las huellas que dejan en la gente que los lee o escucha.

Los años en la primaria “José María Iturralde Traconis” fueron inolvidables. Todos estos años hemos recordado con cariño a nuestras maestras, por el interés puesto en cada alumno puesto a su cuidado. Recuerdo que nos trataban como si fuéramos sus hijos.

Hoy la conducta de los maestros ha cambiado en muchos aspectos. Salvo honrosas excepciones, el trato de maestras y maestros es impersonal e insensible.

Uno de esos capítulos lo vivió una de mis nietas en una escuela de la Región 94 de Cancún. Por necesidad fue solicitado su traslado de una escuela de la Supermanzana 30 a la de esa región. El caso es que nunca fue aceptada por sus nuevos compañeritos de segundo grado.

Las indirectas hacia su personita pronto se convirtieron en francas agresiones, sin que existieran razones claras del por qué de esas conductas. La mamá de mi nieta habló varias veces con la maestra que siempre desdeñó los hechos. La abuelita Charito intervino también al paso de los días, también con resultados negativos.

La maestra del grupo nunca puso interés ni en llamar la atención a los niños agresores y sus papás tampoco nunca fueron notificados del problema. Conforme llegaba la hora de ir a la escuela la niña empezaba a sentirse mal. Su cuerpo temblaba.

Hasta que una tarde nos informó que un grupo de sus compañeritas le había advertido que si no se retiraba de la escuela, cuando estuvieran en el camellón de la avenida la empujarían al paso del camión. Nuestra alarma se puso en rojo. Las autoridades escolares siguieron tan campantes y la niña tuvo que abandonar el colegio.

En 1997 en Cancún un niño convirtió en tea humana a un amigo suyo que desde hacía tiempo le venía disminuyendo en su dignidad.

Lo que está sucediendo es que la gente está confundiendo la realidad con la ficción. La facilidad de las muertes en la televisión y el cine, junto con los climas reales de violencia en el país, generan caos en el ambiente que a su vez lleva al caos en la mente. (Lea más de este y otros temas en www.enbocaspalabras.com.mx).

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