18 de Noviembre de 2018

Opinión

Congruencia

El poder de la pluma

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La semana pasada fui a desayunar a uno de esos restaurantes que están muy de moda –gluten free, sugar free, pet friendly y demás free- y al pedir un jugo me percaté que tenía mucha espuma, por lo que decidí pedir un popote; evidentemente el mesero me vio de arriba abajo como si estuviera viendo al mismísimo Hitler renacido y después de darme un discurso de ecología marina me dijo que checaría si había algún popote guardado en la bodega.

Hubo algunas cosas que me causaron mucha ironía, por ejemplo, no usan popotes por el tema ambiental marino, pero tienen un jardín vertical de plástico de 10 metros que es equivalente como a dos millones de popotes; cuando un cliente pide su comida para llevar se la entregan en un recipiente de unicel y una bolsa gruesa de plástico; dudo mucho que tengan un manejo adecuado de su aceite quemado y por si fuera poco al pagar te dan un ticket de papel con recubrimiento plástico larguísimo.

Aunque dejar de usar popotes de plástico es una medida loable, no es suficiente ante las alarmantes cifras sobre la cantidad de basura plástica que se desecha como bolsas, botellas, empaques de todo tipo de productos y vasos, platos y cubiertos desechables.

Según la Semarnat, en México se generan más de 11 mil toneladas de desechos plásticos cada día y la mayor parte no son popotes, sino botellas.
Esta basura no sólo contamina el agua, sino que afecta a los animales, pues mientras algunos la tragan al confundirla con alimento, otros acaban atrapados en objetos como bolsas y redes. El problema es tal que en el Océano Pacífico se descubrió una enorme isla formada por alrededor de 1.8 billones de piezas de plástico, que ya tiene casi el tamaño de México y crece constantemente.

Así que el verdadero punto no es tener una campaña intensa del no uso de popotes, el problema es que muchos creen que es lo único que hay que hacer, cuando en realidad es la pequeña punta del iceberg de plástico que está afectando al planeta.

Pareciera que la pequeña acción relacionada con los popotes, más que una medida ecológica, es para calmar la conciencia de quienes la siguen para olvidar todo lo que dejan de hacer en su vida diaria, por ejemplo: la falta de reciclado y separación de la basura, el uso indiscriminado de los vehículos, detergentes que no son biodegradables, la falta del cuidado del agua y un larguísimo entre otras cosas.

Poco importa que digas “con popote no” si a todo lo demás que destruye al planeta le dices sí.

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