18 de Noviembre de 2018

Opinión

El extraño síntoma de la mujer lectora (II)

En el siglo XX la radio, la televisión, el cine, Hollywood, la fábrica de los sueños...

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En el siglo XX  la radio, la televisión, el cine, Hollywood, la fábrica de los sueños va en vertiginoso aumento. La gente va dejando los libros poco a poco y la mujer pasa a ser figura central por su belleza y no por su inteligencia; se representa a la esposa perfecta o la mujer fatal.

La mujer lectora es pues, como lo refleja Rosario Castellanos en su novela Ritos de iniciación, una especia de “bicho raro”; Cecilia, la protagonista tiene que vivir las peripecias de ser provinciana,  mujer y estudiante de una carrera de letras donde domina la intelectualidad masculina y menosprecian a las escritoras y lectoras considerándolas altamente peligrosas.

Pero en 1952 pudo darse el primer paso para romper con los estereotipos anteriores. Eve Arnold logra captar uno de los momentos más emblemáticos de Marilyn Monroe, la famosa fotografía del símbolo sexual del siglo XX leyendo el “Ulises” de Joyce. Los cuestionamientos no se hicieron esperar, mujer, belleza, sensualidad y libros no habían sido captados y difundidos tan abiertamente hasta entonces; el extraño síntoma de la mujer lectora y peligrosa seguía vigente, pero su atrevimiento causó en los hombres un mayor placer y atracción.

Hoy en día, las lectoras que somos, según las estadísticas, mucho mayor en cantidad que los hombres, leemos distintos géneros, temas, formatos, tenemos diferentes gustos y capacidades, somos como lectoras exactamente igual que los hombres, leemos también por gusto, por placer, por curiosidad o para informarnos.

“Leo porque me he tomado el derecho que nadie dádome ha…y porque si no lo hiciera me hubiera ya muerto de tantas lágrimas. Porque la palabra es mi respiración, porque si no leo hoy una flor se cierra en el monte.”, éstas son las razones de la periodista y escritora María Luisa “la china Mendoza”; por mi parte, leo porque entre las páginas encuentro las vidas ajenas que hubiera querido tener y porque los libros son mi refugio favorito en algún momento del día. Por eso pienso que en la actualidad las mujeres lectoras no somos nada peligrosas; son peligrosos los hombres y las mujeres que leen y con eso asumen que ya son una autoridad intelectual para desdeñar o menospreciar a los demás, porque entonces con ello muestran que el peligro de leer no está en ser hombre o mujer, sino en utilizar la lectura como una bomba de soberbia y de irracionalidad sobre el que siendo o no lector es, simplemente, humano. El mito de la mujer lectora, pensante y con ideas propias como sinónimo de rebelde o peligrosa sin duda ya no tiene cabida en este mundo actual.

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