16 de Octubre de 2018

Opinión

El enemigo está dentro

El gobierno es miedoso o temeroso y mientras más condescendencia muestra, más difícil se la ponen.

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Han transcurrido largos cuatro meses y no se tienen resultados positivos para identificar a quien mató a  estudiantes de Ayotzinapa. Si vemos  el entorno y analizamos cuanto se ha hecho para la investigación, veremos que hay manos que se encargan de cambiar las órdenes y el sentido de las pesquisas.

Parece que no hay para cuándo  se calme Ayotzinapa, no hay deseo de las autoridades,  o no pueden o se sienten copadas por alguien que desde dentro del gobierno, con sus tentáculos bien largos, cambia el rumbo  de las cosas;  es gente con poder, es gente que tiene mando, es gente que tiene injerencia en la marcha del país, pero lo triste es que la otra parte está débil  y no puede contrarrestar esas acciones.

Los rumores, como el agua del río, se mueven. La renuncia de Osorio Chong, la salida de Cleominio Zoreda de la Procuraduría de la nación  y la enfermedad del procurador Murillo Karam son prueba de descontento  dentro del gobierno. Si le apostamos a la teoría del complot alguien está encargado de debilitar al gobierno, como si estuviera cobrándose una cuenta, o se ha distanciado  del mando oficial.

¿Dónde está el gobernador con licencia de Guerrero, dónde está el expresidente municipal de Iguala, dónde su esposa? En las acusaciones que se les hacen están muy cuidadas las formas, para no contaminarlos con Ayotzinapa.  ¿Por qué?

El Distrito Federal vivió la falta de autoridad, la soberbia de los manifestantes anarquistas y delincuentes que tienen tomada buena parte del país con sus manifestaciones y exigencias.

El gobierno es miedoso  o temeroso y mientras  más  condescendencia muestra, más difícil se la ponen. Ahora exigen entrar a los cuarteles  militares para acabar con sus hornos “crematorios”, que no creo que existan, pero sí hay el deseo de manchar a los militares.

Al fin la PGR acepta que los 43 estudiantes fueron muertos e incinerados sus cuerpos en una barranca de 800 metros de profundidad en Cocula, donde se utilizaron llantas, plásticos y hasta metales como el aluminio y se modificaron las estructuras químicas y físicas del subsuelo, ante lo destructor del incendio. Ahora  sólo faltan las declaraciones de quienes dieron la orden, ya que de otro modo sería cargarles la mano a unos salvajes. Hay intereses del PRD que no quieren tocar. 

¿Dónde quedaron el exgobernador de Guerrero, el expresidente municipal de Iguala y su esposa? De ellos salió la orden de acabar a los estudiantes.

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