18 de Septiembre de 2018

Opinión

Estación en Vuelo

La obra abstracta de Ariel Guzmán alcanza sin duda la maestría, en la textura, la composición de los planos, el cromatismo y el equilibrio.

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El 17 de julio, se inauguró en el teatro Peón Contreras la exposición Estación en Vuelo, muestra de más de 40 años de trabajo de Ariel Guzmán, uno de los artistas visuales más representativos de Yucatán, quien, después de sus años formativos en la Esmeralda y un recorrido que lo llevó a Alemania y Suecia, se estableció hace 30 años en Yucatán, donde ha producido buena parte de su obra, importante trabajo que forma ya parte del acervo artístico de proyección internacional de nuestra tierra, como lo es la obra de otros artistas renacidos aquí.

Como mencionamos en la hoja de sala, Estación en Vuelo no es una retrospectiva sino la muestra de las claves reveladas en una obra madura y de algunas pistas y referentes del viaje, una obra en la que los sueños se confunden con los mitos y los símbolos pulsan señales, devolviéndonos el desciframiento. 

La obra abstracta alcanza sin duda la maestría, en la textura, la composición de los planos, el cromatismo y el equilibrio en el que, llevados por la emoción y el sentimiento, no dejamos de ver la regla áurea. Aquí y allá, encontramos los símbolos recurrentes de Ariel Guzmán que merecen las mayúsculas, La Bestia, de tres o cuatro patas, el animal arcaico que representa el deseo y la energía vital, y La Escalera, el arquetipo comunicante que “lleva el ojo a otro plano” en la voz del artista, cumplen su función de narrativa espiritual y también física, pues marcan y conectan la pintura, escenificación del alma que proyecta Ariel. Así es el autorretrato de Ariel, el ojo amplificado del artista, así es en toda la obra.

Dentro de la exposición, la serie Las Espaldas nos muestra la vocación experimental de Ariel con pinturas elaboradas por los mismos modelos, en las que Ariel dibuja sus espaldas. Mientras que la obra gráfica de Héroes contra Superhéroes, trabajo realizado en Alemania a principios de los 80 que le valió a Ariel diversos reconocimientos, nos muestra una colección de personajes atrapados entre el mal y la salvación. Lo mismo la máscara popular del luchador icónico, Picasso en la doble cariátide intercambiable de su obra y su retrato y estrellas rutilantes del escenario y el cómic, que personajes atrapados -y que nos atrapan- en la oscuridad, quienes aun con su conocida malignidad pueden parecer humanos, todos provenientes del mundo inferior que siguió a la caída.  

Trabajos que en su conjunto nos muestran las múltiples facetas artísticas de Ariel a lo largo de poco más de 40 años, su andamiaje multidisciplinario que abarca la comunicación y el diseño gráfico, la pintura, la fotografía y  el cine.
Forjada en su juventud la vocación de sus manos y en su obra las herramientas para la cirugía del espíritu –pues es el rigor técnico su condición insoslayable- estas obras de Ariel nos cimbran y conmueven. La exposición estará abierta varias semanas en el Peón Contreras, digno escenario para una obra de este alcance. No se la pierda.

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