26 de Septiembre de 2018

Opinión

Yucatán anacrónico en CDMX

El sincretismo característico de la cultura yucateca ha sido borrado de la Semana de Yucatán en Ciudad de México.

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Como cada año, llegó la Semana de Yucatán en México, la magna fiesta de nuestro Estado presentada en la capital del país. Y una vez más, el gobierno de estas lajas ardientes eligió presentar un programa calcado de años anteriores, para continuar perpetuando esa falsa imagen que exportamos hacia afuera: que somos y seremos los mismos ad infinitum.

Pero nada más equivocado que el arcaísmo cultural que pretenden instaurar mediante el arte institucional, aquel que decide qué es aceptable, qué es “lo yucateco” (si es que existiera tal ente abstracto) y qué no lo es. Aunque año tras año esta semana se cacarea como un éxito rotundo desde el punto de vista comercial -lo cual no pongo en duda-, en materia artística dista bastante de representar lo mejor de Yucatán.

Los artistas que ocupan estos foros simbolizan el extremo contrario de lo contemporáneo de estas tierras, pues, lejos de mostrar el sincretismo cultural que nos caracteriza, se empeña en presentar un estado sempiternamente anacrónico, donde lo folclórico continúa reinando, como una piedra con la cual se tropieza caminando hacia el futuro. ¿Acaso lo tradicional está peleado con lo nuevo? ¿Acaso ambas expresiones son incompatibles en el mismo espacio?

Como yucateco que ha tenido la oportunidad de vivir varios años en el exilio, puedo constatar que el público al que se dirigen estas manifestaciones está más interesado en comer las delicias de la gastronomía local que en experimentar una cartelera artística escasa de propuesta y que sólo aboga por la nostalgia de tiempos extintos y no por enseñar que somos depositarios de una cultura viva y en constante movimiento.

Sin menoscabo de los intérpretes que repiten como una especie de abonados a la cultura oficialista, pregunto: ¿no tenemos nada más qué exportar? ¿Por qué no se presentan composiciones de Alejandro Basulto, un paisano que continúa triunfando en el extranjero al igual que las prodigiosas manos de Cecilio Perera? ¿No contamos con voces frescas como la de Gina Osorno o grupos exponentes de la cumbia caribeña y de la neotrova? ¿Han escuchado hablar del rap en maya o de la cocina fusión con ingredientes locales?

Hoy más que nunca tenemos tanto que ofrecer como en décadas pasadas, pero el paternalismo costumbrista no da cabida a estas manifestaciones, al grado de que cuando afuera nos preguntan ¿qué más hay?, nos vemos obligados a responder: nada, sólo henequenes, albarradas y mucho, mucho calor…

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