22 de Febrero de 2018

Yucatán

La mujer que trazó el camino de los ángeles

La presidenta de la Asociación 'Sueños de Ángel', Susana Troyo Rodríguez, inició hace 30 años un proyecto para enseñar a los niños con cáncer.

La profesora Susana Troyo Rodríguez, presidenta fundadora de la Asociación 'Sueños de Ángel', quien apoya a niños con cáncer para continuar sus estudios mientras enfrentan sus tratamientos. (Milenio Novedades)
La profesora Susana Troyo Rodríguez, presidenta fundadora de la Asociación 'Sueños de Ángel', quien apoya a niños con cáncer para continuar sus estudios mientras enfrentan sus tratamientos. (Milenio Novedades)
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Sonia de Anda/SIPSE
MÉRIDA, Yucatán.- El amor que siente por los niños y el gusto a mantenerse cerca de ellos, sobre todo en las etapas más difíciles de su vida porque su salud los confina a la sala de un hospital, han sido la motivación principal de la profesora Susana Troyo Rodríguez, presidenta fundadora de la Asociación “Sueños de Ángel”, quien diseñó su propio proyecto de vida hace casi 30 años para ayudar a que infantes con cáncer puedan continuar sus estudios mientras enfrentan sus tratamientos.  

Maestra de formación, madre soltera de un hijo que hoy ya tiene 29 años, relata la forma en la que hace 28 años comenzó una labor de apoyo y asistencia a niños hospitalizados que enfrentaban tratamientos prolongados que les impedía asistir de manera regular a la escuela, por lo que tomó la iniciativa de darles clases de manera voluntaria en el mismo lugar donde estaban internados, hasta que autoridades educativas de Yucatán reconocieron su labor y, sobre todo, el esfuerzo de los infantes que luchaban por obtener la educación que, en muchos casos, el cáncer les arrebataba.

Un error que lo cambió todo

Cuenta que hace 30 años era una maestra que daba clases en la Hacienda Chichí Suárez, trabajo que desempeñaba desde años atrás, lo que la hacía muy feliz porque en esa época siempre buscaba la forma de motivar a sus alumnos con paseos y demás actividades porque siempre ha tenido esa facilidad de tratar a los niños.

A diferencia de otras personas que participan en asociaciones motivadas por la experiencia personal que las lleva a realizar acciones que cambien el rumbo de otra gente en casos similares, la profesora indica que nadie de su familia padeció cáncer y menos aún en la infancia, pero mientras se formaba como educadora comenzó a visitar a pacientes del Hospital del IMSS, donde se encariñó con un niño abatido por dicha enfermedad.

“Lo seguí visitando y un día le fallé, no llegué y cuando regresé, ya había fallecido, y de ahí nació el compromiso de no volverle a fallar a ningún niño y por ese error me comprometí con esta causa”, explicó, aunque destaca que siempre ha tenido facilidad de tratar a niños y, sin exagerar, a veces cuando anda en la calle y ve pasar a alguien con su bebé, siente el deseo de abrazarlo porque “me encantan los niños, son tan auténticos, dicen lo que sienten y, a veces, prefiero estar con ellos y no con adultos para no complicarnos”, precisa.

¿Cómo surge la asociación? 

“Yo tengo la suerte de estar con los niños desde hace 28 años que tuve esta inquietud de hacer algo, no es porque me sobrara el tiempo porque tenía un niño chiquito, pero siempre me he sentido muy unida a los niños, tengo el don de Dios de amarlos. Empecé a visitar el Hospital O’Horán hace 28 años cuando un amigo empresario me dijo que yo diera el tiempo y él me daba el material didáctico.

”Surgió una necesidad muy grande porque hace 28 años no existía Oncología Pediátrica, estaban todos los pacientes revueltos y después tuvimos la suerte de que llegó la primera oncóloga pediatra, la Dra. Gabriela Escamilla, y para ese entonces algunos niños me habían expresado su dolor de perder clases, por haber terminado su tratamiento de los que salían en vigilancia, pero estaban tristes porque no querían regresar a su pueblo, ya que todos sus amigos habían terminado la primaria y ellos regresaban a primero. Así me lo dijo una niña y sentí tal impotencia, cuando expresó: ‘Ya perdí cinco años de escuela, más la salud y mi familia’ porque el papá, ante esta situación, los dejó solos, y pensé que algo teníamos qué hacer.

”En ese momento la Escuela Marista abría un programa para estudiar Derechos y Necesidades de los Niños; me inscribí por una fuerza que para mi viene de Dios y estudié todos los artículos como debe ser y el Tercero que dice que ‘la educación es para todos’ era mentira, nos estaba fallando el gobierno”.

La vocera de los niños

Indicó que a raíz de eso, diseñó un programa pequeño que se le llevó a la Secretaría de Educación, donde explicaba la falla, además del apoyo que recibió de la prensa que a veces entraba al hospital y la veían dando clases, por lo que le preguntaban si era oficial y ella explicaba que no, pues no se emitía un certificado a los niños que tomaban estas clases, lo cual no era justo, cuando además perdían su salud.

¿Cómo se logra la certificación de los estudios?

“Ese día por poco me muero porque me fui a presentar, pero la secretaria me preguntó: ‘¿Te parece si inicias el lunes?’ Y me sorprendió, porque me dijo que lo iniciara y en ese momento empezamos un programa educativo, fuimos los pioneros en Yucatán de tener escuela para niños hospitalizados y fui su vocera. Siento que soy la vocera de los niños, ellos me lo dicen con tanto dolor que yo sólo lo transmito a la sociedad para que en equipo podamos hacer algo.

”Entonces se logra la primera escuela con el apoyo de todos los médicos del O’Horán; me dieron un espacio chiquitito, ahí empezó una obra de caridad muy grande, unos me donaron el librero y otras cosas y así empezamos la escuela, hasta que fuimos los primeros en certificar en toda la República”. 

La maestra Troyo explica que ya contaba con su “escuelita”, pero en vista de que los dos primeros años no se emitían certificados por las clases que ahí se brindaban, comenzó a insistir ante autoridades educativas sobre su importancia, topándose en ocasiones con la insensibilidad de personas a las que solicitaba las boletas y que le decían: ‘¿Para qué, si se van a morir?’, pues no entendían que era un derecho y correspondía sólo a Dios decir cuándo sucedería, hasta que finalmente el área de educación especial, donde la canalizaron, aceptó la certificación. 

Labor de trasciende al país

¿Cómo logra que el programa educativo se replique en el país?

“Este programa yo lo mando con la intensión de que se haga a nivel nacional y sabiendo que no tengo los medios, ni nada, se lo mandé a la entonces esposa del Presidente, Martha Sahagún de Fox, y grande fue mi sorpresa cuando a los 15 días veo que lo presenta como un programa de ella. Y bueno, al final de cuentas nada es nuestro y si ella lo tomó como ejemplo, qué maravilla. Yo tuve la oportunidad de representar a Yucatán en un congreso en Aguascalientes sobre programas exitosos y me dio gusto que se pudiera llevar a nivel nacional, porque todo es prestado, nada es de nosotros. Si algo he aprendido, es que yo no hice el programa, sino es una fuerza y nos pidieron que preparáramos al resto de la República”. 

Cuando el cáncer llamó a su puerta

Indicó que hace cinco años cedió el programa educativo de los hospitales a la asociación que fundó, pues está convencida de que es sano el desapego para continuar con otro tipo de labor social, sin embargo hace tres años experimento en carne propia la lucha por recuperarse de un cáncer.

¿Cómo surge la idea de escribir el libro “El camino de los ángeles”?

“Me tocó vivir lo que pasan los niños, hace tres años que tuve cáncer y si no hubiera sido por todo lo que ellos me enseñaron, no lo hubiera tomado tan a la ligera, pero como soy muy inquieta y al pasar un tiempo acostada, sin poder salir, aislada, vi todas mis agendas y no entiendo por qué las he guardado y cuando las reviso veo que había apuntado todo lo que los niños me habían dicho antes de partir. Ahí tenía que decir: ‘Hoy murió María de los Ángeles en mis brazos y me describió a su ángel’ y veo en mi agenda que era el Día de los Ángeles Custodios y esas eran las primeras casualidades que vivimos junto con la Dra. Gaby y una de las madres de Vicentinas.

”Me di cuenta de cómo me hizo crecer esto espuriamente y fui con mi sacerdote y me dijo que no me lo podía guardar, pues había cosas graciosas como la de Lalita, cuando no quería trabajar porque ese día le iban a poner su inyección intratecal en la columna, ya que le iba a doler mucho y me dijo: ‘No Susi, ¿sabes una cosa? allá Dios y su conciencia´.

”El libro lo presentamos después de dos años de trabajo, de pedirles a las mamás su autorización para poner las historias de sus hijos, de ir a los pueblos, de ver sus necesidades, de ver que son parte de la asociación y llegan contando más cosas que no sabía y ahí se cuenta la experiencia de ocho sobrevivientes que exponen de manera sencilla lo que vivieron, pero yo hablo de 13 historias hasta que se publica el 22 de julio, pero todo lo que se venda es un donativo para la asociación”.

Indicó que hasta el momento el libro ha tenido mucha aceptación porque de mil 500 ejemplares ya se vendieron 700, aunque buscan otra librería más para promoverlo ya que hoy sólo cuentan con un punto de venta.

La familia
  • La maestra Susi como casi todos la llaman explica que hace cinco años se apartó del programa educativo en el hospital y lo cedió a la asociación, así como a autoridades educativas para que lo trabajen, pues mientras tanto están en la recaudación de fondos para abrir un local que será de la Asociación Sueños de Ángel que están por inaugurar en este año.  

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