16 de Octubre de 2018

Yucatán

'Que los dones de Dios se conviertan en servicio y promoción para los demás'

XXVII Domingo Ordinario. Is 5, 1-7; Sal 79; Filip 4, 6-9; S. Mt 21, 33-43

Este lunes se cumplen 12 años de la canonización de Josemaría Escrivá de Balaguer (foto), recordado en la homilía de hoy, como parte de la 'respuesta' que los hombres dan a Dios sobre lo que Él manda con su Palabra. (catholicgentleman.net)
Este lunes se cumplen 12 años de la canonización de Josemaría Escrivá de Balaguer (foto), recordado en la homilía de hoy, como parte de la 'respuesta' que los hombres dan a Dios sobre lo que Él manda con su Palabra. (catholicgentleman.net)
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MÉRIDA, Yuc.- I.- Is 5, 1-7. La primera lectura de este domingo es un poema conocido como el Canto de la viña, que se suele interpretar como una “canción de denuncia” sobre todo si se conoce el contexto sociopolítico del momento:

“De esta situación podemos hacernos una idea si leemos después las siete maldiciones que se pronuncian contra los acaparadores de tierras y fortunas, los especuladores del suelo y los estafadores, los jueces corrompidos, los campeones en beber vino, los que banqueteaban despreocupados, los que confunden el mal y el bien, y los que son sabios a sus propios ojos...” (Pbro. Dr. Manuel Ceballos).

Todo el trabajo del viñador, realizado con tanta solicitud y atención, desde la elección del terreno, poner la torre, excavar el lagar, etc. no obtiene resultados. La respuesta de la viña es como una personificación, pues a la benevolencia del patrón, se responde con la ingratitud.

El dueño de la viña inicia de inmediato el juicio: llama a los habitantes de Judea y Jerusalén. El castigo del comportamiento estéril de la viña es hacer completa y total su esterilidad. La ejecución del juicio es destruir los signos de amor que tenía para con ella el dueño de la misma.

El quitar de nuevo significa libre acceso para todos que la invaden, la pisotean y la destruyen.
El campo de la viña fértil se torna un desierto. ¿Cómo interpretar este pasaje?

A los cuidados delicados de Dios hacia el pueblo elegido, su viña, éste responde con la violación sistemática de los mandamientos. Estos buscan la justicia, pero no se cumplen y en su lugar tenemos derramamiento de sangre y opresión a los más  pobres.

Así viene la dialéctica del contraste: cada vez menos, más ricos, cada vez más, más empobrecidos. De un canto de amor se  pasa a una parábola de juicio.

II.- Filip 4, 6-9

a) La primera parte de esta lectura, ve la oración con tres partes: Petición – súplica – acción de gracias.
El efecto de esta actividad de oración es la paz, que supera toda inteligencia. Es decir la paz teológica, que trasciende la inteligencia y la experiencia, porque está anclada en la confianza y delante del horizonte de la esperanza.

b) La segunda parte ve más bien la dimensión moral tomada de la Ética Griega con 6 cualidades:

  • Lo verdadero
  • Lo noble
  • Lo justo
  • Lo puro
  • Lo amable
  • Lo honorable

En sí mismos son valiosos deben de vivirse, según el ejemplo de Pablo, en la perspectiva del amor y seguimiento de Cristo.

El término virtud aparece aquí por única vez en todos los escritos Paulinos, y se entiende no como resultado de un estóico esfuerzo humano, sino como la correspondencia dócil, humilde y generosa a la acción y moción del Espíritu en el corazón del justo.

La paz es la existencia de comunión con Dios entre nosotros.  Pablo anima a todos a proseguir como ideal de vida aquello que ya la tradición sapiencial bíblica y la misma ética griega apreciaban y valoraban, sólo que en la perspectiva y vivencia de la vida cristiana. Aquí vale mencionar aquella hermosa secuencia:

Amar a Cristo, conocerlo, seguirlo, imitarlo para identificarse con Él; que es el culmen del amor y la paz.

III.- S Mt 21, 33-43

No cabe duda que la parábola de los viñadores rebeldes y homicidas, que está también en los otros Sinópticos (Mc 12, 1-12 y Lc 20, 9-19) se refiere al comportamiento de Israel en la historia de la Salvación, en la que Dios envío a los Profetas que presentaban las expectativas que Dios tenía de su pueblo, y fueron apedreados y matados por éste. Pero es obvio  que si está en el Nuevo Testamento también se refiere a la Iglesia.

Como escuchamos en las palabras conclusivas, la Iglesia es el pueblo al que se transfiere el Reino de Dios quitado a Israel, a fin de que Dios reciba finalmente el fruto que espera.

Aquí vale la pena preguntarse si por parte de la Iglesia que somos todos y cada uno, Cristo recibe la respuesta que Él espera. Cierto que la recibe de los santos, sobre todo si están canonizados –el lunes 6 de octubre se cumplen 12 años de la fiesta de Canonización de Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer.

Pero cuántas veces se acoge mal a los santos,  como bien lo dice el Cardenal Etchegaray, los eclesiásticos modernos experimentan no el martirio cruento, sino el incruento, del rechazo, sospecha, ironía, burla y desprecio.

Incluso cuántas veces después de su muerte y canonización la  imagen del santo se falsifica o se devalúa, para restarle así méritos y atracción.

Las palabras de Jesús conservan toda su fuerza y realismo:

“Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio”: (Mc 6, 4).

La clave de la parábola sólo es el contraste entre la expectativa del dueño de la viña, sus intentos para obtener buenos frutos, y la reacción violenta, absurda e injustificada de los viñadores, llevada al extremo en la muerte del heredero.

De donde se sigue el juicio de la condena de los viñadores y la transferencia a otros que entreguen los frutos a su tiempo.

El reino es siempre un don del amor misericordioso, que se recibe en la humildad, para con la gracia del Espíritu hacerlo fructificar. 

“Cuando oramos 'Venga tu Reino', dice San Agustín, sabemos que lo pidamos o no, se realizará igualmente.

¿Porque Dios, en qué momento no ha reinado? ¿O en qué momento comenzó a reinar? Dado que su reino no tiene principio, tampoco tendrá fin.

Pero para que sepan que esta oración la hacemos por nosotros y no por Dios, nosotros seremos su reino, si creyendo en Él, hacemos progresos con su gracia. Todos los fieles, redimidos con la sangre de su Hijo, seremos su Reino (S. Agustín, discursos 57, 5).

IV.- Conclusiones

1. Cuántas veces nuestras actuaciones habrán desilusionado y entristecido el Corazón de Cristo. Nada es más triste, que entristecer a Cristo.

El gran convertido francés León Bloy decía: “¡En esta vida sólo existe una verdadera tristeza que es la de no ser santos!”

2. Hay siempre en esta vida un pequeño grupo –“el resto fiel- “con el que la Buena Nueva va adelante  no obstante la acción del mal en el mundo, con su secuela de crímenes, corrupción y muerte; Dios se vale ellos, ruinas, desolación y devastación, y hace germinar de nuevo la vida, y renacer la esperanza.

3. Como bien dice S. Agustín, se pertenece al pueblo de Dios y se edifica el Reino “¡Creyendo en Cristo y haciendo progresos en la gracia!”. Se pregunta el Santo: “¿Cuál es la primera gracia que hemos recibido?.  Y responde “La fe, sí caminamos en la fe, caminamos en la gracia”. (Coment. al Evang. de San Juan 3, 8).

4. Nos hemos acostumbrado a quejarnos de todo, a reclamar por todo, incluso llegando a la violencia.
Aún en el supuesto que estés pasando necesidades la pregunta tiene valor para ti: ¿Qué he hecho, qué estoy haciendo, qué planeo hacer por mis hermanos más necesitados?

5. Recordemos que cada uno “es jardinero de su propia parcela”. Tenemos la responsabilidad de hacer fructificar los dones que Dios nos ha dado, en servicio y beneficio de nuestros hermanos. Bien decía  San Francisco de Asís: 

dando es como recibimos, amando como somos amados, y muriendo a nosotros mismos es como nacemos a la vida eterna.

6. Ojalá que lleguemos con las manos llenas de buenas obras al cielo. Debemos de producir buenos frutos de todo los que Dios nos ha dado. No olvidemos que somos administradores de los dones de Dios.

7. Con gratitud a Dios, sepamos generosamente dar y compartir a favor de los hermanos para su servicio y promoción.

8. Una de las preocupaciones pastorales de la Iglesia es animar continuamente a las familias a vivir su profunda vocación de respeto a la dignidad de cada ser humano y de interés por la buena relación con otros (cfr. Exhortación apostólica Familiaris consortio).

9. Para animar y promover a la familia el Santo Padre Francisco ha anunciado dos grandes acontecimientos: El Sínodo por la familia que se lleva a cabo de hoy día 5 al 19 de octubre del actual. 

Y el VII Encuentro Mundial de la Familia que se realizará en la ciudad de Filadelfia, Estados Unidos, del 22 al 27 de septiembre de 2015.

Invitamos a todos a unirnos a estas iniciativas del Papa Francisco participando en La Semana de la Familia 2014 del 5 al 12 de octubre.

En ella escucharemos la invitación de Dios a renovarnos y vivir con la comunidad de manera fraterna, nos animaremos a vivir en familia como Iglesia doméstica y oraremos por el Sínodo que en estas mismas fechas se estará realizando

Que desde el cielo interceda por nosotros antes la Santísima Virgen y con ella, ante Jesucristo Nuestro Señor único Mediador.

Mérida, Yucatán, 5 de octubre de 2014

† Emilio Carlos Berlie Belaunzarán
Arzobispo de Yucatán

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