19 de Octubre de 2018

Yucatán

'Seguir a Jesús en el matrimonio'

Y Dios creó a la mujer para que el hombre pueda compartir sus dolores, gozos, ansias e interrogantes.

'Desde el inicio el matrimonio fue instituido para ser un ideal de decisión, compromiso y entrega; que no puede abolirse con un permiso, y que debe siempre vivirse en la totalidad de la libertad y plenitud', detalla la Homilía de este domingo 4 de octubre. (elcristo.org)
'Desde el inicio el matrimonio fue instituido para ser un ideal de decisión, compromiso y entrega; que no puede abolirse con un permiso, y que debe siempre vivirse en la totalidad de la libertad y plenitud', detalla la Homilía de este domingo 4 de octubre. (elcristo.org)
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XXVII Domingo Ordinario

Gen 2, 18-24; Sal 127; Heb 2, 8-11; Sn Mc 10, 2-16

A continuación se presenta la Homilía correspondiente al domingo 4 de octubre de 2015.

En el corazón de la liturgia del día de hoy encontramos la belleza real del amor conyugal y su exigencia de fidelidad.

Este tema es de especial interés para la Iglesia y para todos sus miembros, porque del amor de los esposos y de la acción de la gracia de Dios en sus vidas por el sacramento del matrimonio nace la familia, célula básica de la Iglesia y de la sociedad.

Además, es un hecho que la mayor parte de los hijos de Dios adoptan el matrimonio como estilo de vida y, por lo tanto, este debe ser el camino por el cual buscan la santidad.

I.- Camino de Santidad querido por Dios desde el origen.

En la primera lectura vemos el plan de Dios en la creación. Página maravillosa del Génesis para comprender la obra del Señor y la posición de la persona humana de todos los tiempos con respecto a una triple relación fundamental: con Dios, con la creación y con su semejante.

En el capítulo II, se nos muestra ese maravilloso plan de Dios que está tejido de armonía y de luz; y en cambio el capítulo III narra el proyecto alternativo que la persona quiere realizar prescindiendo del proyecto original de Dios y cuyos trágicos resultados experimentamos en nuestra historia.

Es indudable que nos es propuesto un examen de conciencia para regresar al proyecto original de Dios y colaborar por libre decisión en él. 

La soledad existencial que experimenta la persona aquí en la tierra, “vivimos juntos, pero morimos solos” como dice el gran novelista francés Julien Greene, nos acompaña en todas las dimensiones de la vida, y esa soledad el Génesis la supera en dos etapas:

La primera con la fascinación de la creación, la tierra y el universo de los que cada día, conocemos y comprendemos más maravillosamente a través de la ciencia, técnica, cultura e investigación contemporáneas. 

Pero el hombre se siente aún insatisfecho, incompleto y Dios crea a la mujer para que sus dolores, gozos, ansias e interrogantes, pueda compartirlos y tendrán así eco en el corazón de otra creatura: “ayuda semejante a él” (v.20). 

Se comprende que la unicidad de la mujer, la complementariedad de los sexos y la relación de la reciprocidad del amor sean celebrados con el estupor eterno y maravilloso del primer canto de amor humano que conoce la historia: 

“Esta sí es hueso de mis huesos,
carne de mi carne;
esta será llamada mujer,
porque ha sido formada del hombre”
(Gn 2, 24).

Creando así esa comunión de amor y vida que genera una fortaleza extraordinariamente duradera. 
En el libro del Génesis queda claro que la mujer tiene la misma dignidad que el varón. Si la relación interpersonal que entre ellos se establece se enfría o tensiona, si se cancela el diálogo, si la mujer se reduce a una figura de valor estético o a un instrumento para gratificar impulsos o fantasías, a un juguete o a un satisfactor de pasiones, el varón quedará fracturado en su más íntima interioridad y abandonado a su soledad. El que no sabe amar con sacrificio, entrega y compromiso, se queda solo y dice un cantar: “la soledad es el infierno”. 

La soledad puede llevar a la egolatría o a múltiples idolatrías que siempre amenazan al ser humano.

En comunión con el plan original de Dios, la persona debe recordar que es criatura, “peregrino, pasajero y que tiene todo de prestado” y que acogiendo el plan de Dios, comunión con Él, armonía con la naturaleza y sintonía interpersonal, realiza el proyecto del Creador, único camino de plenitud y felicidad humana.

II.- El matrimonio y el seguimiento de Cristo

En tiempos de Jesús existía una intricada controversia Rabínica sobre la interpretación extensiva o restrictiva de una legislación divorcista introducida por el Deuteronomio. Jesús al responder a la pregunta planteada por los fariseos, más que entrar en la polémica, se rehace al plan original de Dios.

Nuestro Señor señala: “Dios los creo varón y mujer”, pero al mismo tiempo y poniéndose en la perspectiva del discurso de la montaña y del seguimiento cargando la propia cruz, recuerda que desde el inicio el matrimonio fue instituido para ser un ideal de decisión, compromiso y entrega; que no puede abolirse con un permiso, y que debe siempre vivirse en la totalidad de la libertad y plenitud que llevan a la realización de la entrega en el amor.

Moisés dio la norma del divorcio por la dureza del corazón humano, dureza que se equipara a la infidelidad e incredulidad; y por ello es la desobediencia al proyecto original de Dios y que provoca la disposición dada por Moisés.
Jesús responde pensando en lo que la persona puede hacer con humildad apoyándose en la gracia de Dios, la cual nunca abandona a los que confían en Él. 

Así, la respuesta que Jesús da hará explícito el tema de  la indisolubilidad tratado en Mt 19,9. Para comprenderlo y vivirlo hay que acoger el Reino en el corazón y estar dispuestos a cargar cada día la propia cruz, y se debe recibir con la humildad, sencillez y confianza que lo hace un niño; y en esa actitud de que los dones de Dios nos superan y que solo podemos reconocerlos, valorarlos y agradecerlos.
Tratando de expresar brevemente lo que Jesús propone para la vida de los cónyuges, podemos decir que los esposos cristianos apegados al plan original de Dios deben vivir fieles, felices y fecundos, en el amor matrimonial con los mandamientos divinos en el corazón, y a la luz de la Cruz de Jesús.

III.- El Proyecto Original de Dios debe ser vivido Hoy

En la situación de nuestro tiempo, es necesario prestar atención a las palabras de San Juan Pablo II, que con sencillez y profundidad indica a la familia su misión: “¡Familia, sé lo que eres!”.

Escuchemos las palabras del Papa, que nos orientan e iluminan: “Remontarse al "principio" del gesto creador de Dios es una necesidad para la familia, si quiere conocerse y realizarse según la verdad interior no sólo de su ser, sino también de su actuación histórica. Y dado que, según el designio divino, está constituido como "íntima comunidad de vida y de amor" , la familia tiene la misión de ser cada vez más lo que es, es decir, comunidad de vida y amor, en una tensión que, al igual que para toda realidad creada y redimida, hallará su cumplimiento en el Reino de Dios. En una perspectiva que además llega a las raíces mismas de la realidad, hay que decir que la esencia y el cometido de la familia son definidos en última instancia por el amor. Por esto la familia recibe la misión de custodiar, revelar y comunicar el amor, como reflejo vivo y participación real del amor de Dios por la humanidad y del amor de Cristo Señor por la Iglesia su esposa” (Familiarisconsortio 17).

Así la familia es ante todo una comunidad de vida y amor, cuyos cometidos son: 1) formar una comunidad de personas; 2) ser servidora, protectora y promotora de la vida: 3) participar en el desarrollo de la sociedad; y 4) participar en la vida y en la misión de la Iglesia

En consonancia con las palabras de Jesús podemos decir que el matrimonio encuentra su identidad en la intención que originalmente ha tenido Dios al crear al hombre varón y mujer para que sean una sola cosa y constituyan el uno para el otro una ayuda adecuada.
Esta constitución original de la institución matrimonial se ve enaltecida al ser puesta como imagen del amor esponsal que Cristo tiene por su Iglesia, amor que se manifiesta en la entrega hasta dar la vida por ella. En reciprocidad la Iglesia está dispuesta a dar la vida por amor a Él.

IV. Conclusiones 

  • 1.Debemos educar a cada persona a ser valiente, ser responsable, no huir, no esconderse, no buscar subterfugios, no mentir. Estas actitudes nada resuelven y sí en cambio hacen más complejas y complicadas las situaciones humanas.
  • 2.Se vive una sola vez, se lleva a cabo un solo proyecto de vida, somos responsables de nuestra propia vida, vale la pena haber logrado -con sacrificios, trabajo y esfuerzos- una plenitud de realización. “vivimos juntos, pero morimos solos”.
  • 3.Debemos fortalecer el esplendor de la vocación matrimonial como decisión-entrega de amor.   Delante de una sociedad en la que se enfrenta muchas contradicciones, críticas, embates, que la debilitan.
  • 4.El matrimonio cristiano es un Sacramento que participa de las gracias del Espíritu y del don del amor. Y que la decisión al asumirlo debe de ser-como en cualquiera de los asuntos serios que enfrentamos – de triunfo, victoria y realización. Nadie emprende una labor grande y exigente sin un proyecto serio que supone debe de realizar con éxito.
  • 5.El amor conyugal puede ser profanado por el egoísmo y el hedonismo, que hacen olvidar algo indispensable en toda experiencia de vida: el sacrificio, la abnegación la renuncia de sí para ayudar, apoyar y servir al otro.
  • 6.El reduccionismo a que las relaciones interpersonales sean ton sólo en clave de sexo, convierte a la persona en objeto, la satisfacción de la pasión en objetivo, y el “úselo y tírelo”  -tan útil en la higiene- puede ser fatal como mentalidad de reciprocidad humana.
  • 7.El amor, que es entrega generosa e ilimitada tiene la capacidad de “hilvanar”. Mi abuelita aconsejaba siempre eso, pues una buena abuela hilvana la familia, unos esposos que se aman reconstituyen su relación, buscan su armonía, se conquistan cada día el uno al otro. Hay mil formas de lograrlo, todo depende de la actitud y decisión que sostienen y apoyan el proyecto de vida.
  • Bendigo y aliento todos los trabajos que grupos y personas hacen para que la familia sea defendida y promovida en estos tiempos de dificultad y confusión.

Mis oraciones están con los jóvenes que se preparan para recibir y vivir el sacramento del matrimonio. Les exhorto a cumplir en ustedes a intención original de Dios y a vivir su entrega conyugal al estilo de Jesucristo a favor de su esposa, la Iglesia.
Y pido a la Santísima Virgen María y a San José que acompañen a cada una de las familias de la Arquidiócesis.

Mérida, Yuc., Octubre 4 de 2015
† Emilio Carlos BerlieBelaunzarán
Arzobispo Emérito de Yucatán

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