19 de Octubre de 2018

Yucatán

Virgen María, una compañera de formación para los seminaristas

Como cada año, alumnos del Seminario Conciliar realizaron una peregrinación al santuario diocesano de Nuestra Señora de Guadalupe, en San Cristóbal.

Durante la peregrinación fueron entonando cantos, rezando el  rosario y echando porras a la Virgen de Guadalupe. (José Acosta/SIPSE)
Durante la peregrinación fueron entonando cantos, rezando el rosario y echando porras a la Virgen de Guadalupe. (José Acosta/SIPSE)
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Cecilia Silveira/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Con una invitación a hacer de la Virgen María de Guadalupe una compañera de su formación sacerdotal, el arzobispo de Yucatán, Mons. Gustavo Rodríguez Vega, ofició la misa de la peregrinación que como cada año el Seminario Conciliar de Yucatán realiza al santuario diocesano de Nuestra Señora de Guadalupe en San Cristóbal.

Desde temprana hora seminaristas, sacerdotes formadores, religiosas, empleados del seminario y familiares de futuros sacerdotes partieron desde las puertas del centro de formación, en la colonia Itzimná, con rumbo al templo de la Guadalupana, en el Centro de la ciudad.

En el trayecto fueron entonando cantos, rezando el  rosario y echando porras a la Virgen de Guadalupe, pero siempre con mucha devoción.

La peregrinación, en la que participaron poco más de 100 seminaristas, fue encabezada por Monseñor Rodríguez Vega y el presbítero Gilberto Pérez Ceh, rector del Seminario Conciliar.

La misa comenzó a las 07:00 de la mañana y durante la ceremonia destacó la participación del coro de seminaristas.

Durante la homilía Mons. Rodríguez Vega invitó a los jóvenes a mirar, al igual que Cristo, a la multitud, “la que nos rodea, la del pueblo de Dios y la que viene en peregrinación a este santuario Guadalupano”.

“Contemplemos esta multitud para entenderla y aprender de ella y tener sentimientos recíprocos, porque dentro de esa multitud está nuestra familia de sangre, pero también nuestra familia de fe, que reza y pide por todos nosotros”, dijo.

“Cada vez que vamos a servir en alguna comunidad, a dar catecismo, a ayudar en las misas, tenemos esa oportunidad de contemplar a la multitud y reafirmar nuestra vocación al sacerdocio”, recalcó.

“Somos una cadena de fe, una historia de salvación viva que vamos continuando con esa devoción que empezó en el Tepeyac y que recorre toda América y el mundo”.

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