14 de Noviembre de 2018

Opinión

El hombre y el valor sagrado de la naturaleza

El Poder de la Pluma.

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La mayoría de los pueblos antiguos y muchos de los que actualmente se asientan en el campo están en estrecho contacto con la naturaleza y por lo tanto tienen un concepto totalmente diferente del que tienen los individuos que viven en una comunidad urbana y que por consiguiente han perdido contacto con aquélla.

Por medio de la naturaleza se pueden revelar a la imaginación religiosa del hombre de campo formas de vida diferentes de las específicamente humanas. Un claro ejemplo de esta sensibilidad es el sentimiento que aporta la observación del sol, de la luna y de la tierra, elementos que pueden simbolizar realidades que trascienden a la experiencia humana. De este modo, lo sagrado puede aparecer de cualquier forma en la naturaleza y esto implica que cierta vegetación y los animales ocupen un sitio importante en la simbología. Por ejemplo, el yaxché, el árbol de la vida, axis mundi, y la serpiente y el jaguar expresan sacralidad.

La vegetación manifiesta otra clase de poderes sagrados y divinizados; por ejemplo las flores, los frutos milagrosos, revelan la presencia de poderes divinos; la fertilidad del cosmos se simboliza por la unión de las plantas femeninas y masculinas y por el florecimiento de las mismas.

A partir de la forma de interpretar la naturaleza, el ciclo agrícola conlleva actos religiosos encauzados a aumentar los poderes de la fertilidad mediante rituales y fiestas en el momento de la siembra y la cosecha que son marcados por los sacrificios.

Las semillas desde la siembra pasan por una forma de muerte sacrificial al igual que las plantas al final de la estación de crecimiento. El campesino maya, al momento de finalizar la cosecha, elige las primeras, las más grandes y las más bonitas mazorcas y demás frutos para ofrendarlos a los dioses. En el caso de los animales con características que son diferentes a los hombres, como volar como las aves, vivir bajo el agua, bajo la tierra, o por su fuerza o ferocidad y aun los insectos fueron venerados a partir de que influyen enormemente en la imaginación religiosa de los hombres.

Un ejemplo claro del carácter sagrado que los mayas le dieron a los animales es el plasmado en la decoración de sus edificios, como la serpiente de cascabel, el jaguar, la tortuga, el colibrí, el búho, etc.

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