25 de Septiembre de 2018

Opinión

Talleres literarios, talleres de lectura

Escribo unas notas sueltas sobre “El café” de Juan García Ponce, es madrugada...

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Escribo unas notas sueltas sobre “El café” de Juan García Ponce, es madrugada, tres de la mañana diría si la exactitud fuera lo que quisiera ahora. Hay café en mi taza, no hay azúcar, hay ansiedad de retener, no hay saciedad en el deseo como los personajes del cuento que me tiene en vilo. Si tecleo más tarde lamentaré la pérdida de frases y apreciaciones dichas durante el taller literario de hace unas horas en el MACAY.

Aunque es un taller de escritura de textos narrativos, también es un taller de lectura de la obra garciaponceana. Lourdes Cabrera trajo cuentos y críticas literarias a los mismos para ser comentados en la sesión que dirigió. Leer a los clásicos y nuevas promesas, comentar entre los integrantes, producir textos y criticarlos a partir de lo discutido es un procedimiento horizontal para desarrollar habilidades en la escritura creativa.

Son las cuatro y quince, no he dormido y en dos horas debo salir de mi casa. A pesar de la somnolencia que vendrá después del mediodía, vienen a mi cabeza los comentarios, a veces soberbios, que desdeñaban los talleres literarios, los tengo presentes, eran los primeros años en la universidad.

Quizá todo ese vaho negativo sea por los talleres que bien menciona Cristina Rivera Garza en el ensayo “Repensar los talleres literarios”: “Corresponden a modelos de enseñanza que bien podrían definirse como verticales, autoritarios, patriarcales”. O como dice Daniel Espartaco Sánchez: “Donde una vaca sagrada de provincia transmite de generación en generación prejuicios y toda clase de ideas equivocadas y pretenciosas sobre lo que debe ser la literatura”. Pese a esto, no es la regla.

Existen algunos espacios polifónicos donde la construcción textual se hace con base en lectura y diálogo. Es semejante a la propuesta de “escribir en comunidad” que Rivera Garza contrasta con el escritor solitario y nacido con vocación.

En la actualidad es fácil ubicar ciudades en las que la escritura creativa se desarrolla de modo sistematizado en carreras técnicas, licenciaturas, posgrados. Adriana Gonzales Mateos me lo contó. Imparten las asignaturas que podrían encontrarse en cualquier especialización en investigación literaria, pero, en vez de un ensayo académico, escriben un texto literario como trabajo final. Adriana es escritora y profesora investigadora de la Licenciatura en Creación Literaria de la UACM.

No quiere decir todo esto que se estén formando autores en masa, naturalmente, escribir debería ir más allá de aspirar la entrada al canon y el circuito mercantil que lo rodea, tendrían que ser las ganas de conversar con los escritores universales mediante la propia escritura de esos temas de la humanidad que ya hemos leído.

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