Una bruja que cocinó la cabeza de su marido

Vecino de “La Tamalera” en el DF, un policía cuenta la historia de Trinidad.

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Trinidad Ramírez tuvo sangre fría para 'hervir' parte del cadáver de su marido.
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Uno de los casos policiacos más sonados en la década de los setenta y que sin duda dio un giro a los asesinatos de la época fue el caso de “La Tamalera Descuartizadora”, mote que le dieron a la humilde señora Trinidad Ramírez por el cruento asesinato de su esposo.

Víctima de los maltratos, humillaciones y golpes, al igual que sus hijos, la noche del 20 de julio de 1971 ya no aguantó más y como si fuera una macabra historia de terror tuvo la sangre fría de asesinar a su esposo (de 53 años) cuando éste dormía: le asestó tres golpes en la cabeza con un bat de béisbol.

Esto fue tan solo el principio. Al verlo inerte, le cortó con una hacha las piernas para que éste diera dentro del costal, pero como aún no entraba, le cercenó la cabeza, la ‘cocinó’ y la metió en un frasco de alcohol que puso en el rincón de un cuarto de su humilde vivienda; el costal lo costuró y lo puso bajo su cama.

Así pasaron 24 horas hasta que el lunes siguiente decidió arrojar el cadáver en un terreno baldío.

La policía tenía la sospecha de que hijo y yerno de La Tamalera participaron en el homicidio, sin embargo, la asesina en todo momento lo negó, quizás para protegerlos de los brazos de la justicia.

Tras las investigaciones se averiguó que el difunto, además de golpeador, no tenía trabajo y era literalmente un vago; además, tenía varias amantes, y había estado en la cárcel por traficar marihuana.

En su última noche, el marido había golpeado hasta el cansancio a sus pequeños hijos porque le arrugaron una ropa que tenía en la cama.

La noche del 20 de julio de 1971, Trinidad mató a su marido, lo cortó en trozos para poder guardarlo en bolsas y tirarlo

Un año después, el 14 de julio de 1972, el fiscal pedía que le dieran la pena máxima de 20 a 40 años de cárcel, pero el defensor de oficio pidió la absolución de Trinidad, considerando que debería tenerse en cuenta los maltratos físicos y psicológicos que había sufrido, y que la intención de la acusadora era, como el de toda madre, defender a sus hijos.

Pues bien, en términos generales este fue el caso ocurrido en la ciudad de México y lo que publicó la prensa por esos años.

Durante un viaje a Chetumal tuve la oportunidad de conocer a don Reynaldo Zamudio Balmes, oficial de policía jubilado, quien fue vecino de doña Trinidad cuando radicaba en el centro del país, y que se enteró de la verdadera razón por lo cual esta señora asesinó a su marido...

“La verdad es que ella practicaba la magia negra; la señora se dedicaba a hacer trabajos de brujería; yo vivía a menos de una cuadra de ahí y todos en la colonia sabían de lo que hacía doña “Trin”, como le decíamos, ella me conocía, cada vez que pasaba en la puerta de su casa me decía: “adiós, don Poli, cuando quiera un trabajito sólo me dice”, pero yo nunca fui porque no creía mucho en eso.

Según declaraciones de su comadre, asesinó a su marido no sólo por sus malos tratos sino también para usar su corazón y sus vértebras para un trabajo muy fuerte de magia negra, pues esa misma noche dicen que acudió al cementerio con esos órganos para hacer velación y que se cumpliera el trabajo que estaba haciéndole a un conocido político.

De hecho, la policía se enteró de todo esto pero no lo quiso dar a conocer a los medios, pues de por sí ya era un escándalo muy grande el caso y podría volverse todo en una “psicosis” y además en un escándalo si se diera a conocer el nombre del político.

Yo estoy seguro de que doña “Trin” era una bruja porque una noche que me quitaba de la chamba -aún tenía el uniforme-, y un joven pasó corriendo junto a mí como si hubiera visto al mismísimo demonio, yo pensé que estaba robando, y me puse en alerta pero justo cuando llegué a la esquina vi a doña “Trin” pero su rostro había envejecido, como si tuviera más de 90 años, tenía una mirada más que malévola y una voz para ponerle la piel de gallina a cualquiera, sólo alcanzó a decirme “sigue tu camino, Poli,” y yo le hice caso.

“Confieso que sentí mucho miedo y un escalofrío desde momentos antes de topármela, ahí la brujería está muy fuerte y ves cada cosa que bueno, hacen temblar hasta el más valiente. Años después me jubilé en el departamento de policía y me regresé a vivir a mi natal Chetumal”.

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