10 de Diciembre de 2018

Opinión

Viviendo sin salud

Ante el deterioro de nuestra salud podemos creernos el espejismo de que o somos los únicos que sufrimos

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Todos los días nos levantamos y damos por hecho que somos los mismos de ayer, que incluso estamos igual que ayer; estamos acostumbrados a la continuidad en nuestra vida y es por ese motivo que damos por hecho que nuestra salud será la misma ayer que hoy.

De improviso la vida nos recuerda que no tenemos pacto de inmunidad con ella, que simplemente somos frágiles humanos, tan frágiles como toda la vida en este planeta, y es entonces cuando nuestra carne se encarga de hacernos experimentar una faceta de la existencia a la que muchas veces le sacamos la cara.

Ante el deterioro de nuestra salud podemos creernos el espejismo de que o somos los únicos que sufrimos, o bien somos los que más sufrimos; podemos llegar a sentir tristeza o una sincera congoja por el infortunio ajeno reflejado en una enfermedad, pero basta tener un dolor en el dedo meñique para que de inmediato estemos ciertos de que no hay nadie más desafortunado sobre este planeta que nosotros.

Con inusitada frecuencia la salud es un bien que se le escamotea a quienes nos rodean y cuyo agudo pinchazo de dolor parece aún más terrible cuando se trata de alguien a quien amamos. Probablemente nadie haya sufrido en la piel, las entrañas y el alma más dolor que el que ha visto cómo la salud escapa del cuerpo de nuestros hijos; por este infierno transitó mi hermano hasta enterrar a su hija de tres años, víctima de un agresivo y destructor cáncer.

En cualquier caso, al enfrentarse a la ausencia de la salud, el ser humano se encuentra ante una encrucijada: utilizar este dolor para potenciarse o dedicar su tiempo a revolcarse en él hasta dejar de respirar.

Que todos los días tengamos la oportunidad de valorar y hacer vida fructífera la salud que entre las manos tenemos, que en el amargo momento de desprendernos de ella todos tengamos la suficiente fortaleza de espíritu para utilizar su ausencia y luchar hasta el último instante en hacernos a cada instante más humanos.n

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