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Este es uno de los seres más famosos en el mundo de la mitología. Luis Layna y Ordóñez publicó que el inspector forestal británico J.R.P. Gent, acompañado de otros militares, recorrió, desde 1832 hasta inicios del siglo XX, el monte Everest, en el conjunto montañoso del Himalaya, situado en Nepal. En su informe citó el hecho de haber encontrado huellas de una criatura conocida con el nombre de Yeti, espécimen de gran estatura y con la particularidad de que los dedos de sus pies mostraban una disposición opuesta al sentido de la marcha, según sus huellas. A través de otro relato de un montañés local se supo que, entre estos seres, también había del sexo femenino con pechos particularmente grandes.

Karl Shuker afirmó que la apariencia del Yeti es esencialmente humana, pero con una estatura estimada entre 1.8 y 2.7 metros y solo se le ha podido ver por lapsos breves. Normalmente camina sobre sus dos extremidades inferiores, tiene la cabeza aplanada y cejas prominentes con un fleco sobre ellas. Sus largos brazos son fuertes, sus manos enormes y lo cubre un abundante vello hirsuto de color negro o gris oscuro. Se supone que es omnívoro, pues come cualquier clase de alimento que esté a su alcance. El Yeti es difícil de ver debido a que es muy veloz y escurridizo; aunque los nepaleses creen en su existencia dicen que la criatura no es oriunda de este país sino de las cordilleras más escarpadas del Tíbet, India, Bangladesh, Myanmar, China y Vietnam.

El mismo Shuker confirma que hay otras versiones del Yeti en Mongolia, India y China, pues entre los nativos de estos países se cuenta de la existencia, desde tiempos muy remotos, de estos seres enormes de aspecto entre humanoide y simiesco dotados de fuerza extraordinaria. Una de las explicaciones de su origen apunta que el Yeti desciende de un antiguo y corpulento primate denominado Gigantopithecus, cuyos fósiles señalan que habitó la Tierra hace un millón de años, pero que de alguna manera la especie quedó aislada en la codillera del Himalaya, al igual que otras especies de la región, tal como aseguran los científicos.

El Yeti solo tuvo relevancia en el mundo occidental cuando empezaron a llegar los exploradores europeos y tuvieron sus propios avistamientos de la criatura y de sus huellas. A través de los relatos de su existencia se supo que estos seres viven en las cavernas y se alimentan principalmente de carne de yac, bóvido similar a un toro con el pelo muy largo; pero cuando están hambrientos, pueden llegar a comer la carne humana, concluye Shuker.

En investigaciones recientes se afirma que el Yeti es una de las versiones del mito del hombre salvaje, relato muy antiguo y vigente en muchas regiones del mundo, que incluyen los estados de México y los municipios de Yucatán.