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La elección en nuestro vecino del norte, los Estados Unidos, puso al descubierto una profunda ruptura de la sociedad norteamericana, dividida casi a la mitad y con diferencias que parecieran irreconciliables, divisiones alentadas por el propio presidente Trump con un discurso provocador y violento, que despierta los viejos problemas que esa nación arrastra desde su independencia.

Los ciudadanos de ese país se enfrentan entre sí por su raza, religión, economía, cultura, educación, medio ambiente, relación con otros países, derechos individuales y otros más, todo un coctel que en esta ocasión causó una competencia que ninguna encuesta podía prever, mayor ante el hecho de que el Covid azota con singular fuerza a la nación norteamericana, donde el voto por correo tuvo un comportamiento poco usual: cerca de 100 millones de personas se anticiparon a sufragar por correo, provocando una reacción de parte del presidente Trump, quien acusa fraude y amenaza con recurrir a los tribunales si no le dan la victoria.

Esta reacción del mandatario pone en jaque la democracia de la que presumen mundialmente los políticos de nuestro vecino y evidencia su imperfección y manipulación frente al mundo. Es quizá el final de un viejo modelo que ha demostrado ya en varias elecciones sus debilidades.

Mientras eso ocurre allá, aquí en nuestro país los políticos y analistas tratan de descifrar qué significa para México que gane el candidato demócrata Biden, y sus opiniones son de que será un duro golpe para el gobierno mexicano, argumentando la buena relación con Trump por parte de AMLO y su visita previa a la elección que se interpretó como apoyo al candidato republicano.

Los críticos vaticinan que el triunfo de Biden será de graves consecuencias para nuestro trato comercial con la Unión Americana al desaparecer las diferencias comerciales que actualmente tiene el vecino país con China, que nos han permitido ser el principal socio comercial de EU, pues en caso de triunfar el candidato demócrata estas condiciones favorables desaparecerían.

En fin, los pronósticos van de un lado al otro y en tanto concluye el conteo se derraman litros de tinta para narrar cómo nos va a ir a los mexicanos y es en este punto donde me pregunto: ¿Cuándo nos ha ido bien, sea con un republicano o con un demócrata en la presidencia de los Estados Unidos? A mí juicio nunca y la historia contemporánea de nuestra convivencia no me deja duda: gane quien gane, nuestra relación bilateral será muy difícil y desfavorable, como nos enseña la misma historia.

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