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Cada vez está más claro que la única manera de enfrentarnos con éxito a los desafíos que le impone el cambio climático a la humanidad es haciendo un esfuerzo conjunto. Nadie en lo individual, ni aun organizaciones enteras conformadas por muchos individuos, puede ser capaz por sí solo de hacer frente a un reto tan grande. No pueden solas las empresas, ni tampoco los gobiernos sin importar su poderío o liderazgo global. Este es un problema que tiene que ser resuelto con el concurso de todos: gobiernos, empresas de todo tamaño y sector, organizaciones no gubernamentales, la sociedad entera.

Lo que sí es necesario es que, dentro de ese esfuerzo conjunto, cada parte debe asumir una misión, enfoque, o visión distinta. Creo que debería ser responsabilidad de los gobiernos trazar una dirección muy clara e indicar el sentido de esos esfuerzos, para que sean encauzados a alcanzar objetivos muy concretos.

Las metas deben de ser relevantes y muy ambiciosas, pero además deben estar acotadas en el tiempo, tienen que ser cuantificables y contar con un plazo. La vaguedad que a veces se apodera de discursos y documentos oficiales ya no puede ser admitida.

Si los gobiernos comprenden que ese es su principal papel, aunque no el único, y lo asumen bien, entonces las empresas y los demás actores de la sociedad ya pueden establecer sus propias metas, administrarlas y darles seguimiento de acuerdo con dicha visión estratégica.

Cuando los objetivos son ambiciosos tienen el poder de movilizar y estimular a las personas para alcanzar metas comunes, actúan como un verdadero catalizador, ayudando a que los involucrados adquieran ese sentido de urgencia tan necesario para alinear la estrategia a los logros concretos. Un objetivo ambicioso te hace pensar distinto y te muestra claramente que no puedes resolver los problemas solo, sino que es indispensable involucrar a toda la cadena de valor.

Pero aún más importante es cambiar los motivos que impulsan las acciones de las personas. Hoy es esperanzador observar que a la mayoría de los jóvenes les motivan los valores. Una empresa o causa que integre colaboradores impulsados por valores puede lograr verdaderos milagros. En la década de los sesentas del pasado siglo, la exitosa combinación de una estrategia, una visión y una meta ambiciosa logró que el hombre pusiera un pie en la luna, algo que era increíble en ese tiempo. Esa ambiciosa visión, asociada con un objetivo claro y concreto, fue capaz de estimular la energía y la innovación que fueron necesarias para que se alcance ese enorme logro.

Cuando se trata de enfrentarse al cambio climático, si logramos comunicar adecuadamente esas premisas básicas, y encender en las personas la emoción de trabajar en alcanzar un sueño que es posible, estaremos construyendo un valioso legado para las generaciones futuras, no tengo duda, ¡me canso ganso!

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