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Mare seguimos una semana más padeciendo este x’la virus que está descontrolando todo, lo que inició como un máximo de 40 días o cuarentena y hoy se ha convertido en casi 3 cuarentenas, sí 120 días, en los cuales muchos sectores no han recibido un sueldo, y ni siquiera pueden salir a la calle a trabajar aunque están ávidos de dejar el encierro por la desesperación de llevar alimento a casa; han sido los primeros seis meses del año más difícil en mucho tiempo, y esto no tiene para cuándo, porque ya estamos empezando el segundo semestre.

Y al empezar julio, ayer se cumplieron 2 años del proceso democrático en el cual fueron elegidos muchos que hoy gobiernan; en el terruño se eligieron diputados locales y federales, senadores, alcaldes de los 106 municipios, gobernador y presidente de la República, y haciendo un flash back vienen a mi mente muchas cosas, a ritmo de batucadas, de gente coreando un sí se puede, de aplaudidores, de tantos ofrecimientos en cada uno de los discursos en la campaña y promesas formales que nos hicieron los que hace dos años nos abrazaban, nos besaban y hasta pedían tomarse fotos con uno, y hoy, como si no te conocieran. Qué poca memoria tienen muchos políticos, sería bueno hacer unas reminiscencias de esos tiempos, y ver que lo que ofrecieron lo cumplan, porque diputados locales y federales y alcaldes ya casi se van, les queda un año, pero quítele la mitad, por el proceso de campaña, y otros meses por la pre de la pre campaña que tienen que hacer para poder obtener la candidatura. Hoy muchos de ellos en eso piensan, ¿será que alguno planea realmente cómo ayudar a la gente?, usted, amable lector, ya sabe la respuesta.

En esas elecciones se disputaba el puesto más importante en un país, el de presidente de la República; ahí sí que hubo 18 años de promesas y hoy tenemos 18 meses de excusas. ¿Hasta dónde es capaz de llegar un político con sus ofrecimientos con tal de obtener un triunfo electoral? Es como aquel dicho: “El papel aguanta todo”, creo que también lo aplican en campaña. Me gustaría saber si uno como mexicano podría demandar a sus autoridades por cada promesa que incumplan, porque es una parte del trabajo que no realizan para lo que se les contrata, porque, cuando uno no cumple su trabajo, tiene una sanción. Imagínense algunas de las más soñadas promesas del hoy presidente: “Acabaré con la corrupción”, cuando hoy tenemos una gran red de corrupción por todos lados: las casas de Manuel Bartlett, el patrimonio no declarado de la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y sus mansiones millonarias, y, hablando de mansiones, las nueve de la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira, con costo de más de 60 millones, y una de ellas obsequiada por el gobierno de la Ciudad de México en el periodo de Marcelo Ebrard. Otra promesa: “Bajaré la gasolina”, hasta el día de hoy no sucede.

Así podemos llenar páginas, pero no seamos como los políticos y tengamos memoria cuando vuelvan a tocar a nuestra puerta, porque está comprobado que, cuando están en campaña, “el ofrecer no empobrece”. Masinó que sí.