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Vivimos los últimos días de verano con la invitación en puerta de la nueva normalidad, que significa abrir los negocios y otras actividades sin perder de vista que el uso del tapabocas, el lavado frecuente de manos así como la sana distancia deberán permanecer en nuestro día a día a fin de recuperar como se pueda la economía sin aumentar el número de personas contagiadas.

Para que las cosas ocurran sin peligro de más personas fallecidas debemos guardar la distancia en todo momento, no perder de vista que este no es regreso a lo que estábamos acostumbrados, sino que es una forma distinta de convivir, de cuidar a los demás, pero sobre todo del respeto a uno mismo.

Es increíble la ignorancia que hay en el exterior, incluso de personas con las que se convive todos los días, porque se nota la discriminación que hay no sólo con quienes portan algún uniforme médico, no importa cuál sea su responsabilidad, sino con quienes han pasado por el virus y han sobrevivido.

Pareciera que el asunto se volvió una especie de letra escarlata: si en algún momento tuvo Covid-19 es muy probable que me infecte y entonces, cuando el paciente recuperado llega a un sitio, quienes se sienten vulnerables huyen de la escena para resguardar su salud.

Estas historias trajeron a mi mente de regreso la historia de Ligia, una de las muchas heroínas, que al salir del trabajo con su uniforme de enfermera un pésimo ser humano pasó en su automóvil a su lado y le tiró un café caliente mientras le gritaba infectada, sólo porque sí, sin mediar ofensa mayor que la de la agresión sin respuesta.

Nadie se hubiera enterado, pero la valiente Ligia decidió contar su historia en las redes sociales y hacer escuchar su grito sobre la injusticia que había vivido simplemente porque alguien pensó que tenía el derecho de maltratarla debido a su extrema ignorancia, suficiente para ofender sin necesidad.

El conocimiento nos debería hacer libres, no prisioneros, la responsabilidad de comunicar, el poder que tenemos de saber, la oportunidad de cambiar nuestro comportamiento, no sólo por nosotros.

No tienes que ponerte el cubrebocas cuando a una habitación entra una persona con anticuerpos de coronavirus, debes usarlo de forma correcta todo el tiempo que estás en un espacio físico público aun sin nadie más. Eso significa también dejar la ignorancia de lado.

Hay muchas otras cosas importantes, pero para recuperar las actividades no sólo económicas, sino también espirituales, deportivas y de esparcimiento debemos estar sanos, tener una convivencia responsable porque el encierro también afecta nuestro comportamiento, al menos a mí me parece que nos hace diferentes. Lo transcendental es que podemos aprender a sobrevivir.

Hoy aprovecho que es lunes para celebrar la vida de las personas que acompañan, que respetan, que se ocupan de los demás. ¡Qué sea feliz!

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