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Aunque ya tiene varias semanas de haberse iniciado el movimiento de denuncias #MeToo en México, no había querido meterme en el tema por no estar bien enterado, además del amplio trato que ha tenido en diversos espacios en los medios de comunicación; apenas hace un par de semanas una denuncia anónima derivó en el suicidio de un integrante del grupo Botellita de Jerez, quien describió en su carta que tomaba la decisión preocupado por su futuro, tras la denuncia, en la industria que le daba de comer, en la cual se miró acabado.

En los hechos la denuncia se hace a través de un hashtag en la red social de Twitter, donde cientos o miles de reclamos por acoso, abuso y otras violencias de género se han revelado; evidentemente los que cobran mayor atención para la prensa son los que se hacen contra personas públicas famosas: actores, cantantes, músicos, productores, políticos, etc.

Como siempre, la respuesta de las autoridades es tibia, apenas se han pronunciado en los casos cuando han sido increpadas, sin saber si se está realizando una averiguación de los señalamientos que se vierten en la red social, aunque aseguran que sí. Lo más alarmante es que, como mencioné con anterioridad, se siguen realizando miles de denuncias, incluso pasados muchos años, como una especie de catarsis para las mujeres afectadas.

Tanto mujeres líderes de opinión como organizaciones han salido a plantar su posición en una discusión que ha cobrado fuerza sobre si las denuncias anónimas son correctas, en una suerte de petición de castigar cuando los señalamientos se hagan sin revelar la identidad.

En una nota publicada por Milenio.com ayer, la abogada Andrea Medina Rosas explicaba que algunos testimonios del #MeToo pueden configurarse en delitos o violaciones a los derechos laborales, y por tanto se pueden denunciar en tres terrenos: el administrativo, ante recursos humanos del lugar donde se trabaja; el penal, ante el ministerio público, y ante las juntas de conciliación y arbitraje.

Pero en una publicación de ayer, el sitio Mexico.com destaca que las acusaciones anónimas son válidas en el país por la impunidad (solo 2 de cada 100 mexicanas violentadas recibe justicia), revictimización (no se atreven a denunciar por miedo a ser culpadas) y el miedo. Refiere que dicha forma de denuncia rompe el silencio, apoya la necesidad de sacar el malestar y la rabia, ya que de otra forma la víctima se sentiría invisibilizada.

En Mérida, la estudiante de Artes Visuales Lorena Rosel Cherris prepara una instalación artística donde hace un llamado a través del Facebook a las mujeres que deseen participar para sumarse y evidenciar el acoso callejero en la ciudad.

Desde luego que no promuevo la denuncia anónima, aunque a veces por este medio una víctima puede lograr paz o desahogo, siempre que no sea con un fin como la venganza, aunque también creo que se debe realizar la acusación ante las autoridades cuando la situación lo requiera. No se trata de fomentar la impunidad y dejar que más personas vivan alguna tragedia que me pudo haber pasado a mí.