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Por estos días me topé con dos interesantes notas de El Universal, a raíz de eventos relacionados con la presentación de libros. Dos visiones que destacan por la critica al periodismo cultural y de investigación, los que siempre resultan más costosos para las redacciones por los procesos más largos que se llevan, en momentos donde parece haber un mundo de recortes.

El primero es Héctor de Mauleón, escritor que, en la feria del libro de Coahuila, denunció una crisis del periodismo cultural, cuando solo parecen importar la nota política, los crímenes y los escándalos en México, aludiendo a que los periodistas incluso han dejado de lado el género para no “quebrarse la cabeza”.

El autor de “La ciudad oculta”, en dos volúmenes, afirmó que el desprecio comienza desde las redacciones. “El periodismo ha terminado volviéndose un ejercicio burocrático. Entregas lo que te piden y no te quiebras más la cabeza; todo eso ha ido terminando a pesar de iniciativas muy interesantes de periodistas que llevan muchos años dando la batalla; va permeando todo eso y nos va entregando una prensa cultural más deficiente, de peor calidad y va creando un público al que le da lo mismo lo que aparezca, en lugar de que el suplemento o la sección cultural pongan una agenda de conversación pública, de discusión. Esa es la encrucijada del periodismo cultural en México”.

Lamentó el cierre de varios suplementos culturales, que, dijo, eran ventanas al mundo. Además habló del cambio civilizatorio que trajeron consigo las redes sociales y la tecnología.

La periodista argentina, Leila Guerrero, maestra de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano y única columnista latinoamericana de la contraportada del diario español “El País”, dijo en la fiesta del libro rosa UNAM, que haríamos bien en revisar por qué cambió todo y darnos cuenta de que hay responsabilidades de todas partes.

Aseguró que en América Latina los periodistas pasaron de héroes a canallas, y recordó las dictaduras latinoamericanas de los 70 y 80, donde los periodistas eran uno de tantos colectivos que denunciaban y que incluso algunos (como Rodolfo Walsh, gran periodista argentino), dieron la vida por la lucha, fueron secuestrados y asesinados por la dictadura militar.

“De un lado hubo el discurso de muchos gobiernos populistas que empezaron a acusar a los periodistas de todos los males, pero los periodistas, en vez de responder con periodismo bien hecho, con información chequeada, reaccionamos histéricamente; y ahí empezó todo el tiroteo entre las fake news y la manipulación de la información para que encaje en el molde que yo como periodista quiero y me conviene para poder pegarle al poderoso”, aseguró.

A ello abonó que los medios se pusieron “a bailar la conga de los clics”, como llama el conteo de visualizaciones de una nota.

Dos visiones, una quizás más local y la otra más latinoamericana, que coinciden en señalar una crisis.