18 de Septiembre de 2019

Opinion

Medicamentos pirata, lucha sin cuartel

El poder de la pluma

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La piratería en medicinas, sin duda, es uno de los comercios criminales más lacerantes para la economía de un país y de un estado. Hasta la fecha, las estrategias y acciones emprendidas lejanamente alcanzan el objetivo de erradicarla.

Sigue en aumento este atentado contra la salud, derivado de que la misma población toma fármacos sin consultar a un médico, y su venta es libre, sin receta. Por otro lado, en sumadas ocasiones estos productos no se encuentran en las mejores condiciones de almacenamiento y eso favorece la presencia de efectos adversos.

Si bien este flagelo es irreverentemente dañino, ¿qué pensaría usted sobre la presencia, venta y consumo de medicamentos “pirata”? El calificativo sería de abominable atentado contra la integridad humana y reprobable sesgo administrativo para los responsables de la vigilancia de cualquier insumo como el medicamento.

Actualmente, a nivel mundial, se estima que la comercialización de productos farmacéuticos de forma clandestina e ilegal asciende a 35 billones de dólares anuales. Nuestro país ocupa el sexto lugar en el mundo en la venta de estos medicamentos, donde Jalisco, Baja California, Michoacán y Yucatán son los estados en los que se han realizado las mayores incautaciones.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que los medicamentos falsificados constituyen una peligrosa epidemia que se extiende por todo el mundo, por lo que resulta oportuno tomar medidas concretas e inmediatas para combatirla.

No obstante que se han hecho esfuerzos loables a través de exigir que para la adquisición de un medicamento se presente la receta médica con los datos del galeno, cédula, institución que expidió su título, dirección y teléfono, el problema radica en la comercialización de insumos de la salud de manera clandestina. De hecho, los medicamentos caducados y piratas ya alcanzan una comercialización de entre un 20 y 30 por ciento de las ventas totales y sin ningún control en los tianguis.

Pero la pregunta es: ¿cuál es la razón de fondo por la que este comercio criminal encuentra tierra fértil para moverse sin control? Sin temor a equivocarnos, afirmaríamos categóricamente que la reducción del poder adquisitivo de las personas es la razón principal, amén de la tolerancia por parte de los mandos medios y operativos de las instituciones al momento de su adquisición, y la falta de oportunidad en la atención (asistencial) dentro del sector salud.

Reduzcamos ese flagelo silencioso que sin duda es tan lacerante como la droga. Exijamos a nuestras autoridades sanitarias no cejar en su lucha ni dar cuartel, evitando la entrada al país de medicamentos apócrifos.

También que se redoble la vigilancia a expendios de fármacos de venta libre, incluyendo las tienditas de la esquina, y finalmente que los legisladores establezcan penas corporales ejemplares para estos agresores sociales.

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