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Es hora de la salida. Tus compañeritos poco a poco se van, tú te quedas. Esperas a tu mami, dijo que pasaría por ti. Siempre pasa por ti, te protege. Aunque la verdad es que a veces se le hace un poco tarde. Tiene que caminar varios kilómetros para llegar desde el crucero en el que vende dulces hasta tu primaria. Y cuando son días bajos, peor, porque si no vende no comen, y pues tú tienes que comer porque estás en pleno crecimiento. Incluso hasta los zapatos que te compraron hace apenas unos meses ya no te quedan. Tienen huequitos en la suela y poco a poco se han roto. Tú no tienes la culpa, apenas eres una niña. Te gusta correr, jugar en la tierra, patear la pelota. Sueles soñar con el universo y pensar que las veredas de terracería por las que pasas son caminos hacia el fin del mundo, y tú los exploras porque eres valiente.

Pero, por ahora, esperas a tu madre, hoy se le hizo un poco tarde. Está juntando para tus zapatos nuevos, te los prometió. Se los pediste para recorrer el mundo, por eso tiene que vender más dulces. Mientras la esperas, llega una señora. No la conoces pero la has visto antes. Es amiga de tu mami o eso dice. Pide que la acompañes porque tu madre la mandó por ti. Aceptas. La señora dice que te llevará para que no te quedes sola, irás a comer a su casa y por la noche tu mami pasará por ti. Tuvo unos mandados, quizá fue por tus zapatitos nuevos.

Caminas junto a la señora, que aunque luce extraña se ve buena gente. Van por calles que no conocías, lejos de casa. No reconoces a la gente, tampoco ellos a ti, y cuando menos lo esperas un coche blanco se pega a ustedes. Abren la puerta, la señora te pide que te subas, tú no quieres. Te dicen que así llegarán más pronto. Dudas. Te repiten que subas. Obedeces. Luego te llevan a un lugar lejos de casa, lejos de mamá. No la volverás a ver, ni a tu abuelo, ni a tus hermanos. Todos te van a extrañar. Te has ido a recorrer el universo, aunque tu cuerpo apareció en una bolsa de plástico, tirado, traías los zapatos sucios.

Todos lloran y se echan culpas. Tu familia culpa al gobierno y el gobierno culpa a los funcionarios, a los medios y también a tu familia. Hay quien culpa al presidente, y él, sin saber qué decir, culpa al neoliberalismo. Otros culpan a los maestros de tu escuela, a los de todo el país. Algunas mujeres culpan a los hombres y los hombres a las mujeres. Todos se echan la culpa de que ya no estés, y tú desde un rincón te has puesto a llorar. No lo hagas, eres la menos culpable.