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Tengo la camisa puesta, es la respuesta que regularmente dan los trabajadores cuando se les cuestiona sobre su compromiso con la institución o empresa en la que laboran, pero esas frases son fáciles de decir y muy difíciles de demostrar.

La semana pasada, al realizar un recorrido por la Ruta Puuc para evaluar los daños causados al patrimonio arqueológico por el paso de la tormenta tropical Cristóbal, en Sayil solamente encontramos en su puesto a Miguel Uc Delgado, quien, guardando la sana distancia con sus compañeros de ocupación, estaba desgajando tres grandes árboles que cayeron a causa del aire y la lluvia, pero que afortunadamente no afectaron los edificios prehispánicos de ese sitio.

Como debiera hacer cada trabajador, al preguntarle sobre los daños al patrimonio en Sayil, rápidamente responde: no hay ninguna afectación, ya que, después de la tormenta, revisé cada uno de los monumentos del sitio (bajo su responsabilidad) y no hallé ningún deterioro.

Miguel es uno de los pocos custodios todavía comprometidos con su trabajo, ya que se ocupa de cuidar y limpiar el sitio a él encomendado. Este compromiso lo trae de sangre porque su padre, don Miguel Uc Medina, trabajó mucho tiempo en Sayil. Pasados los años, Miguel hijo se hizo cargo de la zona después de la jubilación de su padre.

Aunque se puede romper la norma, quienes tuvimos la fortuna de crecer en los sitios arqueológicos, pasar nuestra infancia allí y haber heredado el trabajo de nuestros abuelos y padres tenemos una lectura muy diferente de la de los otros compañeros de labor que no vienen en la línea de trabajo relacionada con el patrimonio.

Pocas veces el que no es hijo de custodio demuestra compromiso con el sitio y con su institución. Uc Delgado involucra a sus hijos en su labor, los enseña a apreciar el patrimonio y la naturaleza. Es defensor del ambiente y del legado maya.

Hace unos meses se incendió el monte frente a la zona arqueológica de Sayil y Miguel pidió ayuda, pero incluso fue amenazado con ser detenido por exigir a los policías ubicados en el retén del Km 105 que lo apoyaran para apagar el incendio. Ante la negativa recurrió a sus hijos y amigos y hasta su esposa llegó al lugar para ayudar a sofocar las llamas.

La actitud de Miguel Uc Delgado es de reconocerse, pues él sí tiene bien puesta la camisa y la actitud propositiva de ser defensor del ambiente y del patrimonio arqueológico. Involucrar a su familia es la enseñanza que heredó de su padre, pues hoy lo hace con sus hijos con el fin de que sepan valorar y ser sensibles ante el ambiente y el patrimonio arqueológico. Enhorabuena Miguel.