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El próximo 2021 será año electoral. Millones de mexicanos votaremos de nueva cuenta. Han sido varios procesos electorales donde los ciudadanos elegimos y luego nos desencantamos por quienes lo hicimos. La revocación del mandato sigue siendo una ilusión. En Yucatán, se percibe que los partidos tradicionales volverán a presentar candidatos de “la vieja guardia política”, se verán muy pocas caras nuevas. Los partidos irán por “el voto duro” y generarán animadversión de los ciudadanos hacia las demás asociaciones políticas. Por ejemplo, se dice que el PAN hizo alianza con MC para desgastar el viejo PRI. Otros partidos políticos se conformarán con alguna diputación o regiduría. Pero el ciudadano “de a pie”, ¿qué gana con todo esto?

La crisis de la política democrática tradicional nos ha hecho creer que contra ella sólo queda la anti-política. Es decir, oposición a todo aquello que suene a política partidista o tradicional. Es la apatía sobre lo político. El ciudadano ya no cree en la política. Empero, no nos queda de otra que la repolitización de nuestra sociedad. ¿En qué consistiría? El filósofo griego Sócrates llegó a ser un personaje incómodo para una “clase política” que dominaba el panorama social. Sócrates increpaba a los políticos de la polis, cuando éstos se encontraban en alguna plaza pública emitiendo discursos. Los hacía desatinar, cuestionándolos sobre la justicia, la bondad o el valor de lo que proponían. Quedaban mal ante los ciudadanos y eso no lo podían aceptar, por lo que inventaron un juicio contra él, por la absurda razón de corromper a la juventud y dudar de los dioses. Finalmente, lo condenan a beber la cicuta (veneno que provoca la muerte).

Una práctica común en nuestra sociedad mexicana es la aparente omnisciencia y omnipotencia que asumen muchos políticos. En campaña la mayoría de los candidatos se presentan como todólogos. Son pocos los políticos que reconocen sus límites para enfrentar la problemática social. Todo político tradicional asume que puede con todo y, sin embrago, sabemos los ciudadanos en el fondo que no es verdad, que muchos temas no los podrá solucionar, es más, en ocasiones ni siquiera los entiende.

Debemos ser ciudadanos más activos y participativos en los temas de la política. Vienen campañas sui generis, como nunca las hemos tenido; desde las redes sociales, radio, televisión y medios escritos se harán planteamientos, propuestas y aparentes soluciones a “n” número de temas. Como ciudadanos responsables, haremos la crítica de lo que nos parezca utopía y planteamientos irrealizables. No sólo se vale criticar por criticar, también desde lo cívico debemos repolitizar nuestra vida social. Esto significa reformular la política, para que quienes aspiren a cargos públicos de representación no sólo se asuman “sabelotodos”, sino sepan que el elector del siglo XXI es pensante y crítico y no solamente vale un voto. Ojalá, como a Sócrates, ¡no condenen a varios a beber la cicuta!

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