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Existen distancias que pueden hacerse largas o cortas entre el título de un texto y su contenido correspondiente. Las hay tan lejanas que prometen un ejercicio para la mente y la extraordinaria capacidad que tenemos para llegar a puerto seguro después de sabernos satisfechos con las conjeturas realizadas. Otras distancias, por lo contrario, no suponen un viaje interno extenso porque el título ya engloba una parte de la historia o nos dirige exactamente a eso. Alguien ha decidido hacer ese trabajo por nosotros.

Y es que, al narrar lo que sea que fuere, siempre estamos en medio de un proceso que pasa desapercibido. Como si las voces queditas de nuestro interior dispusieran de nuestra capacidad para contar porque a veces vamos al grano, a veces rodeamos la historia, o a veces urdimos túneles obscuros con vueltas inesperadas para finalmente llegar al centro de lo que queremos decir. Más que un arte, pudiera ser un estilo propio.

En “Canción dulce”, novela de la autora francomarroquí Leïla Slimani, estamos frente a una historia del primer tipo descrito en las letras anteriores. Es decir, hay una distancia larga entre el título y el texto. Se trata de una creación tan perfectamente presentada, que la primera línea golpea entre tonos incómodos y empatía dolorosa.

“El bebé ha muerto”. Y, entre nosotros, adelanto que su hermana menor llegará al mismo destino. Como si se tratara de imágenes que disparan una tristeza innombrable, “miramos” las reacciones de la madre. Un dolor imposibilitante, un grito ahogado y un consecuente vómito como estallido de todo lo que se ha roto por dentro.

Hay muchas preguntas que no tendrán una respuesta pronta. Radicando en este punto el talento para narrar. La primera de ellas es saber qué ha pasado y cómo. No importará de momento porque la autora decide llevarnos en cambio hacia el inicio de la historia como una forma de asegurar que podamos tener todo el panorama completo. Ésta es una joya escrita.

Para procurar el mismo “trato literario” que la autora me ha dejado, me enfocaré en la base o fundamento de su historia: un matrimonio joven, dos sacrificios emocionales diferentes, la presión de la realización personal, y el miedo incalculable que significa dejar a los hijos al cuidado, y en las manos, de otra persona. Mucho puede sonarnos desde nuestra historia personal. Solamente deseo que dicho encuentro diste mucho de la primera línea del texto, y que más bien se ubique entre tonos de una canción dulce.

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