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Llama la atención y preocupa -al menos a mí, y mucho- el grado de polarización que ha generado en la sociedad mexicana el gobierno de la 4T. En mis ya muchos años de vida, jamás, ni en las épocas más aciagas del partido de Estado, había experimentado nada siquiera parecido a lo que hoy vive México.

Y esto quedó más que claramente establecido –al menos en la manifestación más evidente de esa dicotomía social en lo que va de esta administración- cuando el domingo el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció por medio del Twitter que había contraído el Covid-19.

Una lluvia de denuestos, ataques, injurias y toda clase de expresiones soeces y crueles cayeron encima de quien es -nos guste o no- el legítimo presidente de México, la figura más importante del Estado mexicano; del otro extremo, no faltaron abundantes expresiones igual o más soeces de parte de quienes idolatran al líder del movimiento que se asume transformador de la nación contra quienes lo aborrecen.

Irracionalidad de uno y otro bando, odio y rencor traslucen los memes, tuitazos y demás expresiones de una violencia verbal inusitada a través de las redes sociales. La crueldad en su más violenta manifestación, quizá como nunca se había visto.

Uno quizá pueda explicar -jamás justificarlos y menos asumirlos- los ataques a la figura presidencial a causa del ambiente de miedo, crispación y coraje que viven los mexicanos ante las arremetidas del virus insidioso contra vidas y propiedades y el manejo faccioso que desde el poder se hace del tema, y sobre todo por la insensibilidad y torpeza con que los encargados de hacerle frente desde el gobierno se comportan.

Miles, millones de mexicanos ven cómo cada día van muriendo -de hambre inclusive- y cayendo más y más aceleradamente en la pobreza inicua y asisten impotentes a la degradación económica -reflejada dramáticamente en miles de cortinas bajadas y de letreros de “se vende” en negocios que una vez fueron medio de sustento de las familias- y de empresarios que lloran al ver en la ruina sus negocios, fruto de años y años de esfuerzo y sin ayuda del gobierno para no mandar al desempleo a sus trabajadores.

Del otro lado, desgraciadamente, la única razón de la violencia es la adoración a una persona que no ha podido ser el líder de una verdadera transformación de la sociedad y se ha vuelto un destructor de instituciones y enemigo de la libertad de expresión y que desde su púlpito mañanero lanza consignas contra “los fifís, neoliberales y conservadores que añoran el viejo régimen”.

Ojalá que ahora, en su obligada reclusión, medite sobre el daño que le está causando al país que tanto dice amar. Larga vida y mucha salud al presidente.

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