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Todavía inmersos en la celebración de los fieles difuntos, Hanal Pixán en Yucatán, o comida de las ánimas, no olvidemos que se realiza en el mundo entero, con sus particularidades regionales, para recordar a quienes se han desligado de la vida terrena.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) ha declarado, en 2008, esta tradición Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. El culto a los muertos es una muestra evidente del sincretismo, es decir la fusión de las culturas, porque se recordaba a los muertos desde la época precolombina, con las particularidades de los pueblos originarios, de los que en Yucatán los mayas no eran ajenos.

En cada región, en cada pueblo, de acuerdo con la creencia de los habitantes, se piensa que las personas fallecidas (sus ánimas), según la cosmovisión indígena, retornan al mundo de los vivos, para convivir con sus familiares y al mismo tiempo nutrirse con la esencia del alimento que se pone en los altares erigidos en honor de quienes se adelantaron en el “viaje eterno”.

A la llegada de la religión católica, esta conmemoración fue “absorbida” o adecuada a la misma y se le conoce como Día de Muertos, aunque en Yucatán la tradición se inicia desde el 31 de octubre y se le conoce como u hanal palaloob o comida de los niños. El 1 de noviembre se le denomina como u hanal nukuch uinikoob o comida de los adultos. El dos de noviembre es la misa dedicada a las ánimas, por lo general en los cementerios.

A los ocho días se realiza el bix u ochavario del día de difuntos, que es cuando las ánimas se retiran de este mundo. Desde el inicio del recuerdo hacia los fieles difuntos hasta la retirada, se acostumbra ponerles luz, velas, para enseñarles el camino por el que han de transitar con seguridad.

Todos conocemos las actividades que se realizan en Yucatán, los altares, con flores, veladoras, velas y fotos, si las hay, de los familiares ya fallecidos, así como la comida que más les gustaba y desde luego el tradicional mucbipollo y guisos como el relleno negro y los dulces de la región.

Una muestra más del sincretismo que conlleva esta tradición la tenemos en la estilización o el disfraz de personas simulando calaveras, algo que desde hace algunos años ha aparecido en esta festividad del Hanal Pixán, que hemos de conservar para recordar con dignidad a quienes amamos y se nos adelantaron en el viaje eterno.

Una bella tradición que hemos de atesorar como uno de los derechos que tiene la humanidad para conservar sus creencias y costumbres, que, como ya hemos visto, se ven enriquecidas con la presencia de elementos de otras culturas.

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