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Después del visionado de “5 Sangres” (Da 5 bloods, 2020), la más reciente cinta de Spike Lee, decidí volver a ver “Haz lo correcto” (Do the right thing, 1989), presumiblemente su obra maestra. Quedé impactado por la pertinencia de su mensaje, el cual demuestra que, a través de las décadas, aún no hemos aprendido nada en cuanto a la intolerancia y la disensión.

El discurso de Lee enfatiza esa dicotomía AmorOdio que forma parte del ser humano, sin importar su color, credo o nacionalidad. La premisa del filme es: Un activista afroamericano se enoja porque en el muro de un restaurante italoamericano sólo aparecen fotos de hombres blancos y desea que también haya negros. Entonces propone un boicot al negocio, un negocio donde comen y también se emplea a gente de color, a los cuales el dueño quiere como a sus propios hijos.

Pero en lugar de convencerlo o persuadirlo, un puñado de inconformes deciden confrontarlo, tratando de imponer sus ideas a la fuerza, lo que desencadena un disturbio que provoca la muerte de uno de los manifestantes a manos de la policía. La reacción no se hace esperar y destruyen el lugar, el cual acaba siendo consumido por las llamas. Al final, todo el barrio acaba enemistado y polarizado, y sobre las cenizas del conflicto logran poner una foto de Malcolm X y de Martin Luther King, cuya filosofía era la de la No Violencia, la cual retoma a partir del movimiento pacifista de Mahatma Gandhi. El filme concluye con esta cita:

“La violencia a veces trae resultados momentáneos. Frecuentemente, las naciones han obtenido su libertad en el campo de batalla. Pero, a pesar de sus victorias temporales, la violencia nunca trae una paz permanente. No resuelve ningún problema social y sólo acarrea mayores y más complejos males. La violencia como medio para lograr la justicia racial es tan inmoral como impráctica. Porque es una espiral descendente que termina en el odio y la destrucción total. La vieja ley del ojo por ojo deja ciego a todos. Es inmoral porque busca humillar al oponente en lugar de ganar su comprensión; lucha más por la aniquilación que por el amor. Destruye la comunidad y hace imposible la fraternidad. Hace que la sociedad hable un monólogo y no un diálogo. La violencia termina derrotándose a sí misma. Hace florecer la amargura en los sobrevivientes y la brutalidad en los destructores…”.

¿Y qué es lo correcto? ¿Existe un rasero ético y moral que podamos compartir universalmente? Hoy en día, mientras algunos propugnan por una reacción violenta ante las injusticias sociales, otros apelan al entendimiento, la tolerancia y la conciliación, sin que unos u otros logren ponerse de acuerdo. Queda claro que estamos ante un impasse ideológico, pues la impartición de justicia y equidad no debe partir del odio y la destrucción, porque al mismo tiempo socava los motivos de una causa legítima. Luego entonces, queda la reflexión: ¿Estamos dispuestos a ver el mundo arder con tal de instaurar nuestras ideas o nuestra concepción de lo que es políticamente correcto, cueste lo que cueste...?

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