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Es usted un médico muy bueno, pero ha elegido la carrera equivocada. Tendría que haber sido escritor.- Mijail Bulgákov

Si bien por cuestiones de mercadotecnia editorial le pusieron el título “Morfina y otros cuentos”, el libro de Mijail Bulgákov que pretendo reseñar se llama “Diario de un joven médico”. Publicado en 1925, se compone de ocho relatos en donde un doctor de provincias recién graduado es enviado al entorno rural ruso. Este galeno inexperto se enfrentará por igual a la sífilis y a las amputaciones, que a la ignorancia y a la superstición de los pobladores.

La frustración y la desesperanza del médico dan constancia de la nobleza de su oficio. Resultan cómicos ciertos episodios en los cuales sus pacientes se rehúsan a ser intervenidos, confiando más en los remedios y en la medicina alternativa de los curanderos. Me recordó mucho a los mexicanos que creen en el dióxido de cloro, la plata coloidal o en la homeopatía, gente rústica que abomina de la ciencia y prefiere automedicarse antes que seguir el tratamiento indicado: “Siempre hacen lo mismo. El pueblo”.

Otros relatos son dramáticos, tiernos y desgarradores, pues nos hablan del agradecimiento de algunos cuando son salvados, pero también de los pensamientos depresivos que invaden al médico cuando pierde a un paciente a pesar de todos sus esfuerzos. El lenguaje es diáfano y pródigo en descripciones, lo que imprime un ritmo vertiginoso a cada texto. El cuento que da título a la colección es el más complejo a nivel estructural, pues es una narración doble o paralela, en la que los hechos se dan a conocer a través del diario de un doctor adicto a la morfina, quien pide ayuda a un colega, al tiempo que éste se va enterando de su descenso a los paraísos artificiales a través de la lectura de su bitácora.

Pocos libros tienen la verosimilitud que supuran estos textos, claramente autobiográficos, ya que Bulgákov también fue médico durante la Revolución Rusa, aunque este conflicto apenas y se deja entrever, tal vez por el temor del autor a la censura del gobierno, que más tarde habría de arruinar su vida y su carrera, ante la imposibilidad de salir del país tras repetidos intentos, tal y como es consignado en el libro “Cartas a Stalin”, donde se trasluce el dolor de no poder publicar sus obras. “Para mí –dice Bulgákov-, el no poder escribir es lo mismo que ser enterrado vivo”.

El silencio de la dictadura va minimizando al también dramaturgo, quien se humilla hasta el límite con tal de obtener un trabajo decente. Muere en Rusia en 1940 sin haber logrado dar salida a sus libros, pues es hasta veintiséis años después que se publica su magnum opus “El maestro y Margarita” (1967). “Morfina” y los relatos que componen “Diario de un joven médico” son parte de su obra temprana, donde es evidente el talento de este escritor. Por ello les receto este libro, el cual se lee en apenas un par de horas, siendo un pinchazo literario muy placentero. Prometo que no les va a doler...

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