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En 1807, Robert Fulton botaba en el río Hudson el primer barco de vapor como parte de una línea comercial. El barco contaba con dos enormes ruedas formadas por paletas que propulsaban el navío. Una numerosa población había acudido al muelle a observar la formidable nave. La población asistente al evento se dividió entre los que aplaudían el acontecimiento y los pesimistas intransigentes que a voces gritaban: no logrará navegar; cuando las calderas alcanzaron su punto máximo, empezaron a girar las paletas de las ruedas y el barco comenzó a navegar, los escépticos gritaban otra vez: no lograrán frenarlo y huían despavoridos del muelle.

Sus pronósticos no dieron en el blanco, por lo que cambiaron de táctica para frenar lo que ellos llamaban un ataque al futuro de los ecosistemas terrestres y marinos. El primer argumento era la deforestación que causaría la tala de árboles para tener la suficiente cantidad leñosa para alimentar las calderas del barco. También alertaron sobre la contaminación marina por los desechos producidos y hasta el cambio climático causado por esmog. En la actualidad el río Hudson es un patrimonio de la humanidad y el barco de Fulton no resultó instrumento de deterioro ambiental.

Traigo a colación este ejemplo como analogía de obcecación de algunas agrupaciones que medran con los indígenas asentados en el trazo en donde se construye la infraestructura férrea del Tren Maya; en este momento existen seis amparos en diversas instancias judiciales en donde se solicita la suspensión de esta obra, bajo argumentos de daño ambiental y cultural a las etnias asentadas en el recorrido del proyecto de movilidad e interconectividad. Si se revisa la bitácora de ferrocarriles en países pobres o países con pleno desarrollo, no se encuentran daños contundentes a otras formas de infraestructuras de movilidad. Existen ferrocarriles en la Siberia rusa, en los desiertos, en altas y escarpadas montañas, en selvas inhóspitas y en todos existe benevolencia con el entorno.

No siempre programas de explotación o desarrollo de los recursos son empáticos con la cultura autóctona, un ejemplo fue la suspensión de la obras de la First Majestic Silver Corp., que pretendía la explotación minera en la zona Wiricuta, territorio sagrado de los wixaricas y zona endémica del peyote, el ojo de dios de los indígenas, allí los amparos judiciales surtieron un efecto positivo sobre todo por la conservación de la cosmovisión de los popularmente conocidos como huicholes.

Los grupos Indignación y la zapatista Asamblea Maya Múuch Ximball, promotores de amparos, son incongruentes al mencionar descontento de los indígenas de Yajalón y de Salto de Agua, Chiapas. La primera es una población alejada del trazo ferroviario y en la segunda, el ferrocarril tiene estación desde hace decenas de años. De ese tamaño las gastan.

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