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En viaje realizado a Coatzacoalcos no pude sustraerme de realizar una visita al Cinco, nombre con el que se conoce a la antigua estación de trenes del histórico Ferrocarriles Unidos del Sureste. En los gigantescos talleres operados con mínimo personal, llama la atención la orfandad de gran cantidad de maquinaria, como grúas, locomotoras diésel y oxidados carros de pasajeros que alguna vez rodaron por los caminos de hierro tropicales y que ahora lucen como animales prehistóricos despanzurrrados; lo primero que me vino en mente, frente a tanta chatarra con olor a orines, fue el título de la obra de Jorge Ibarguengoitia: “Estas ruinas que ves”.

Luego de algunas fotografías, caminé por los abandonados andenes, donde los pasajeros esperaban el tren para viajar en el “directo” que pasaba por Campeche y finalizaba en Mérida o el tren conocido como el “pollero” y que, según me dicen mis informantes, el nombre le venía porque hacía parada en todas las estaciones. Hoy es anécdota, los trenes de pasajeros murieron por decreto, la privatización de Zedillo terminó con el romance de los ferrocarriles; a la empresa Ferrocarriles Chiapas Mayab le quedó grande la concesión.

La empresa encargada de operar este ferrocarril histórico únicamente mostró interés por la estructura férrea, abandonó estaciones y olvidó derechos de vías, que fueron imán para la invasión y rapiña; huracanes y falta de mantenimiento destruyeron los terraplenes, hoy los trenes van a velocidad de artríticos, me dicen que existen tramos donde la velocidad es de 5 kilómetros por hora. Así no hay competencia.

La inmensa soledad que impera en los andenes recuerda a la paz de los cementerios; quizá el mejor título del momento sería: Los andenes olvidados, o tomando en cuenta el entorno: Las ruinas de la modernidad.

Los ferrocarrileros de la vieja guardia con los que he conversado tienen la esperanza de que el protagonista de moda en la península: el tren maya, sea el punto de inflexión para la modernización del restante ramal del sureste. Saben lo que dicen porque el proyecto original de Dos Bocas era el de un puerto de buques petroleros, teniendo como eje al ferrocarril; el tendido de vía a Dos Bocas comenzó a realizarse en Estación Chontalapa, atravesando la carretera internacional; como evidencia del proyecto, existe un alto puente al lado de esta carretera, sin aparente utilidad. El chascarrillo popular cuenta que algún político en campaña prometió a los pobladores construir un puente, la gente contestó: “¿Para qué queremos puente, si no tenemos río?”, y el avezado político dijo: “Entonces les construiremos un río”. Como sea, ya gobernador cumplió, les mandó a hacer su puente, aunque no sirva para nada.

Recientemente la administración federal concesionó al Gobierno de Tabasco la construcción y usufructo del ramal de 100 kilómetros de longitud. (Continuará).

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