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“Estoy escribiendo sobre mi padre en pasado, y no puedo creer que esté escribiendo sobre mi padre en pasado”, con esta reflexión cargada de tristeza finaliza la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie su obra “Sobre el duelo” (2021), en la que narra el dolor y el proceso de reconocimiento del duelo que atravesó tras recibir la noticia de la muerte de su padre, James Nwoye Adichie, el 10 de junio de 2020, cuando la pandemia de Covid-19 había detenido la actividad humana y el mundo no terminaba de comprender lo que estaba ocurriendo.

Un tiempo aciago se percibe en la obra de Chimamanda, quien desnuda sus emociones en un trayecto narrativo que va del presente al pasado y viceversa, reconstruyendo las huellas de los últimos días con su padre en vida y, a la vez, rememora pasajes significativos de su familia, pero, sobre todo, de la relación íntima y cómplice que ella estableció con su padre. Los treinta apartados, breves y profundos, nos conducen por la ruta del duelo que todo ser humano atraviesa ante la pérdida de un ser querido: la negación, el dolorira, la incomprensión, la negociación y la aceptación (aunque quizás nunca plena), son emociones que se entrecruzan con la razón y los recuerdos, mismas que no siempre nos permiten en un primer momento comprender lo que sucede, generando ante el dolor un tipo de barrera que como forma de autoprotección nos resguarda de esos sentimientos que nos desbordan y resquebrajan nuestra realidad.

Es la propia Chimamanda quien lo explica de una bella forma al decir: “En un acto de resistencia y rechazo: la pena te dice que se ha acabado y tu corazón la contradice; la pena intenta reducir tu amor al pasado y el corazón te dice que todavía está presente”. Esa ausencia presente de quienes se han adelantado en la vida, es una huella que en muchos casos permanece con nosotros sin importar la distancia en el tiempo, y el duelo es justamente eso, no un proceso de olvido, sino un camino de reconocimiento y aceptación que nos ayuda a asimilar la partida física de quien amamos, pero también nos faculta para continuar viviendo, sólo que ahora con un recuerdo que transmuta del dolor a la evocación sentida de quien seguirá siendo importante, aunque no podamos abrazar su cuerpo nunca más, y sí nos sea posible abrazar su esencia.

“Sobre el duelo” es también un reflejo puntual de la incertidumbre que la humanidad vivió durante la pandemia de Covid-19, cuando miles de familiares no pudieron despedir a sus seres queridos fallecidos debido a los protocolos de sanidad y al encierro que impidió la movilidad entre naciones, ya que Chimamanda se encontraba en los Estados Unidos al conocer la muerte de su padre en Nigeria, lo que agudizó las emociones del duelo por el impedimento de presenciar los procesos culturales del adiós y, como la autora señala, “La pena cuenta, entre sus muchos componentes atroces, con la capacidad de sembrar la duda”.

Esta obra abre el camino reflexivo entorno a la muerte y el duelo, algo presente en la literatura universal desde hace mucho, pero que con la contemporaneidad del suceso y el ensayo autobiográfico de la autora, nos posibilita pensar en nuestros propios procesos de duelo, los que vivimos durante la pandemia, así como aquellos pendientes o venideros, sobre la relación con nuestro padre, lo postergado y las ausencias que son huellas probablemente aún por narrar.

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