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A Jesús Ramírez Cuevas le queda muy grande (literalmente) el cargo para las pocas funciones que desempeña. El morenista cobra como coordinador general de Comunicación Social y vocero del Gobierno de la República, pero en realidad quien desempeña estos roles es el propio presidente, que bien podría ahorrarse ese sueldo siguiendo su política de austeridad republicana. Veamos por qué.

AMLO es quien decide qué y cómo aborda los temas en su conferencia matutina; los invitados y su ubicación; quiénes le harán preguntas a modo, etc. Jesús sólo se limita a cumplir con lo dispuesto por su jefe, vetar a los comunicadores “incómodos” y hacer una que otra defensa del mandatario, vía Twitter, cuando es avasallado por las redes sociales, lo que casi a diario ocurre.

López Obrador también da la nota diaria (por supuesto la que él quiere), en un intento por ganar espacios en los medios y borrar los asuntos importantes que deben ocuparle y que a la mayoría preocupan. Cerca de alcanzar las 45 mil muertes por coronavirus en México, montó un circo en un hangar para hablar del avión presidencial, sin mencionar el fracaso de sus promesas de venta, ni de lo que ha costado su mantenimiento aquí y en el extranjero. Lo suyo es hablar del boato y el derroche de recursos de gobiernos anteriores. Alguien dijo que el tabasqueño no merecía subirse a una nave de ese tipo.

En su agenda mañanera evitar aludir temas como la rampante inseguridad que ha alcanzado niveles récord en varias zonas del país y que permite a cárteles exhibir su poderío en forma retadora; la carencia de medicamentos para los niños con enfermedades terminales, que ya ha cobrado vidas de menores; o la economía que sigue decreciendo.

El Ejecutivo tiene cuerda para todo y para todos, o eso parece. Lo mismo regaña a sus colaboradores que le sirven de escenografía –como fue el caso de secretario de Hacienda, Arturo Herrera–, que utiliza a mandos militares como edecanes –el comandante de la Guardia Nacional, general Luis Rodríguez Bucio, le llevó una tableta para que leyera la columna de un periodista que un día sí y otro también le critica–. Todo en un afán de demostrar quién manda aquí.

Su tema favorito actual en este circo de varias pistas en que ha convertido el país es Emilio Lozoya. A través del mandatario (no de la Fiscalía ni de su vocero) nos enteramos que ya venía de España (nunca supo a qué hora llegó), que el ex director de Pemex pactó (criterio de oportunidad es el eufemismo utilizado) para delatar a ex presidentes, funcionarios y políticos. Y AMLO lo hace para distraer, pero también para amedrentar a los posibles implicados.

Delegar responsabilidades es uno de los principios de liderazgo, que no se ve en el Gobierno de la 4T, porque desde la presidencia se dice qué, cómo y cuándo hay que hacer tal o cual cosa. Al líder corresponde lo que dice una máxima de las milicias: “Mandar y ver que se cumpla”.

Anexo “1”

“Premio” a una periodista

Esta semana, la Secretaría de Relaciones Exteriores informó de la designación de Isabel Arvide Limón como cónsul de México en Turquía, lo cual desató críticas de políticos, comunicadores y personalidades, que acusaron que la periodista no tiene experiencia diplomática y sólo se le otorgó el cargo por ser cercana al presidente López Obrador.

El artículo 89 de la Constitución señala que el presidente tiene la facultad exclusiva de nombrar a los agentes diplomáticos y cónsules generales. Sin embargo, con ese nombramiento, se pasa por alto a personas de carrera en el servicio público exterior y sienta un mal precedente, pues Arvide asistía a las conferencias mañaneras en Palacio Nacional para exigir recursos para los medios de comunicación. Se infiere que su nombramiento es para callarla y… alejarla un tiempo de los círculos de Gobierno.

Por cierto, en abril pasado López Obrador señaló: “Lo que tenemos ahora es un  periodismo muy cercano al poder, sobre todo económico, y muy distante del pueblo. Es un periodismo de élite, que no defiende al pueblo raso”.

Entonces, su frase “no somos iguales” puede aplicarse en forma sarcástica en esta designación presidencial.

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