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La semana pasada el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que el programa de la zona libre de la frontera norte será ampliado hasta 2024, y en la frontera sur se aplicarán estímulos fiscales a partir de enero próximo. Chetumal volverá a ser zona franca al establecerse beneficios arancelarios. Para ambas fronteras, los incentivos fiscales serán: reducción del IVA del 16 a 8 por ciento, del ISR de 30 a 20 por ciento, y estímulos al IEPS en gasolinas.

La noticia fue recibida con entusiasmo en Chetumal, pero decayó a medida que se fue conociendo que esos estímulos fiscales sólo se aplicarían con países con los que no hay tratado de libre comercio, que son las islas del Caribe, algunas naciones sudamericanas, Belice, Malasia, Vietnam, China, India, entre otros.

Y es que, hasta 2016, antes de su ocaso, el flujo de personas hacia Santa Elena, la zona libre de Belice (que limita con Chetumal) era de 1.1 millones de personas al año y generaba una derrama económica de 300 millones de dólares americanos; el 90% de los visitantes eran mexicanos y gastaban en promedio tres mil pesos, según el reportaje “Las mochadas más fuertes son para los de la Aduana”, publicado por Novedades de Quintana Roo el 16 de noviembre de 2016.

Hoy, Chetumal es muy diferente al de la década de los 80 cuando era el emporio de la fayuca que entraba por Belice. Su única avenida principal, la Héroes, era un gran centro comercial desde Mahatma Gandhi hasta Carmen Ochoa de Merino, con comercios a ambos lados. En las aceras se estibaban cientos de cajas y otros empaques donde llegaban televisores, grabadoras, estéreos, casetes, ropa, gobelinos, vajillas, ventiladores, perfumes, relojes, telas, un sinfín de baratijas de India y China, principalmente, y comestibles exóticos encabezados por el famoso queso de bola.

Ese fue el Chetumal que encontré cuando arribé en 1981 a la zona naval, días antes de la “independencia” de Belice del Reino Unido, el 21 de septiembre, la ciudad vivía de y para la fayuca, su principal fuente de ingresos… y de los aduaneros. Además, había tráfico de comestibles y otras mercancías a lo largo del río Hondo (frontera natural) desde Subteniente López hasta La Unión, como refirió el reportaje antes citado.

Venía yo de conocer la otra zona libre, la del norte, donde en lugares como La Paz (BCS) y en todos los puertos del Golfo de California, hasta Puerto Peñasco (Sonora), se vivía también del comercio de mercancías importadas, a muy buenos precios y de mejor calidad que las que se vendían en Chetumal, dado que era fayuca “americana”, de Estados Unidos.

Los que saben de macroeconomía y tratados comerciales ya pusieron peros al anuncio de AMLO, comenzando por lesiones a la economía nacional, aunque las zonas libres, con su contrabando hormiga, siempre han existido. Yo, como el presidente, estoy seguro de que les va a dar mucho gusto a los que viven en Chetumal, porque quizás así las autoridades acaben con tantos baches que hay en la ciudad.

Anexo “1”

La fayuca a bordo

Entre varios significados del término fayuca, encontré que en las cárceles de México se popularizó llamar así a las tiendas improvisadas que ciertos reos montaban en los patios para vender baratijas a otros prisioneros. Creo que de ahí pasó a la Marina, donde hace unas cuatro décadas se comenzaron a permitir tienditas a bordo de los buques y en los sectores y zonas navales.

Me cuentan que inició en el Centro de Capacitación de la Armada, en Veracruz, a principios de los 80, cuando un grupo de alumnos de la Escuela Escala de Mar pidió al director permiso para establecer la tiendita para vender refrescos, galletas y otros refrigerios a fin de obtener fondos para su fiesta de graduación. Fue tal la ganancia, que al egresar esa generación la Dirección tomó el control de la tienda para allegarse recursos para mantenimiento del plantel.

Así nacieron los “comisariatos” (casinos les dicen en el Ejército), ya en forma, con la venta de más productos y artículos y bajo control de los mandos, sujetos además a las auditorías (en Puerto Cortés, BCS, administré uno de ellos y luego una tienda de Marina en La Pesca, Tamps.)

Se reguló, pues, ese tipo de fayuca.

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