Cambios

El órgano prácticamente se extinguió, los precios subieron tanto a causa de las devaluaciones.

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Comentaba en días pasados mi etapa de vida con los órganos electrónicos. Realmente fue memorable todo lo vivido. Conocer personajes maravillosos, maestros de vida, amigos entrañables, experiencias únicas y mucho más. 

El órgano prácticamente se extinguió. Los precios subieron tanto a causa de las devaluaciones, que después de 1994, se convirtió en un artículo incomprable para la mayoría; y el que lo puede pagar, lo liquida totalmente y se lo entregan entre 4 y 6 meses después, porque hay que traerlo de Japón. 

Muchas marcas desaparecieron, otras surgieron, pero ya no con órganos, sino con teclados. Estos hacen maravillas comparados con los órganos, pero la forma de ejecutar es distinta. 

En el piano o en el órgano uno tiene que hacer toda la melodía y el acompañamiento. Los órganos tenían algunos ritmos que servían para darle ese toque diferente, pero uno tenía que tocar el bajo con el pie izquierdo y ambas manos puestas en los dos teclados del instrumento. 

En los teclados, el trabajo está muy mecanizado y cualquiera llega y le suena muy bien, ahora que, si eres músico profesional, te divertirás de lo lindo (por lo menos yo si me divierto), porque tienes más recursos que un novato o un músico amateur. 

Me decepciona ver a personas tocar “profesionalmente” con un teclado en una reunión, y si lo pongo entre comillas, porque si los siento en un piano, no suenan, si lo siento en un órgano, tampoco suenan, y en teclado suenan mediocre. Pero eso sí, ya están cobrando. 

En mi tiempo se les llamaba pisa-teclas. Y era alguien que solo tocaba un teclado, pero era incapaz de sentarse y hacer sonar un piano o un órgano. Hubo también una época, que se hacían llamar tecladistas. Y en verdad tocaban todo lo que tuviera teclas. 

Ahora recuerdo a tres, Walter Murphy que hizo una grabación en los 70 de la Quinta Sinfonía de Beethoven a ritmo de disco ¿la recuerdan? El británico Rich Waekman y el brasileño Cesar Camargo Mariano. Qué músicos, y por fortuna los tres aún vivos. 

Ojalá que en la actualidad se tuviera más gente como esta. Versátil, comprometida, creativa, estudiosa, y por ende generando y ampliando más allá de toda su musicalidad al extremo. Confieso que traigo el gusanito de repetir el juego del tecladista. Prometo platicarles en breve la experiencia. Hasta la próxima semana.

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