La era de Helmut Kohl

Hubo una vez una época donde el mundo estaba al borde de una guerra nuclear por definición...

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Hubo una vez una época donde el mundo estaba al borde de una guerra nuclear por definición, pero ambas partes eran lo suficientemente sabias y mesuradas para no llevarla a cabo. Los problemas de Medio Oriente eran la mitad de los de hoy, no existía el Estado Islámico y se comenzaron las conversaciones serias entre palestinos e israelíes. Era una edad dorada que hoy en día no queda más remedio que recordar con nostalgia.

Las naciones influyentes de la tierra estaban gobernadas por hombres sabios y profesionales, llenos de secretos y manchas pero mesurados y conciliadores. Era la época donde hubiera sido inconcebible una grosería del presidente de Estados Unidos al canciller de Alemania o un intercambio de bromas ácidas con el presidente de Francia. Nunca más en la historia ha habido tal convergencia de gigantes de la política mundial.

En la Unión Soviética, luego convertida en Rusia, gobernaba Mijaíl Gorbachov, quien fue el impulsor, junto con su contraparte estadounidense de los primeros tratados de reducción de armas nucleares a gran escala.

Todo esto mientras, del otro lado del Atlántico, la silla presidencial era ocupada por Ronald Reagan, conocido como “el gran comunicador”, maestro de la política internacional y conspirador, junto con Gorbachov, en el plan para desmoronar desde sus cimientos el comunismo de Europa del Este.

En el Vaticano, nada más y nada menos que Juan Pablo II, el Papa más influyente de la historia. En Francia el socialista, pero nunca populista, François Mitterrand, arquitecto de la zona Euro. En Medio Oriente, Isaac Rabin forjaba el canal de diálogo con los palestinos a un nivel tal de compromiso por la paz que pagó con su vida la intolerancia del extremismo sionista.

En Inglaterra aún resonaba la política implementada por Margaret Tatcher y continuada por John Mayor en perfecta consonancia con los Estados Unidos, en esa época jamás imaginé que podría llegar a considerarse en Westminster cancelar una visita presidencial estadounidense.

España era modernizada siguiendo el legado de Adolfo Suárez por el sagaz Felipe González que llevó la nación ibérica al plano mundial, actuando como un péndulo perfecto con la diplomacia de altura del rey Juan Carlos I. Era la época de la reconciliación entre antiguos colonizados y colonizadores, los días de las inolvidables Cumbres Iberoamericanas, sin fantoches ni payasos resentidos, sólo arruinadas por la presencia esporádica de Fidel el cual, estoy seguro consideró ésa como su época más dolorosa; había demasiada gente brillante en demasiadas partes.

Uno de los momentos cumbres de esos años maravillosos fue la reunificación de Alemania, el sueño tan largamente acariciado por los hombres libres de la tierra, y a las riendas tan histórico acontecimiento se encontraba el recién fallecido Helmut Kohl. La sensación de seguridad del enorme líder con su estatura imponente y sonrisa pícara seguirá en mi mente como la antorcha de los hombres buenos que creen en la paz y la hermandad entre pueblos. Descanse en paz.

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