Gonzalo Vega y su pensamiento político

El actor fallecido comentó en una entrevista, que las mujeres no están hechas para participar en el mundo político por diversas situaciones.

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Gonzalo Vega y su obra de ‘La señora presidenta’ se representó 17 años y se volvió un clásico popular en todo México. (Foto tomada de Milenio Digital)

Gonzalo Vega y su obra de ‘La señora presidenta’ se representó 17 años y se volvió un clásico popular en todo México. (Foto tomada de Milenio Digital)

Milenio Digital
CIUDAD DE MÉXICO.- A unos días de cumplir 70 años, el pasado lunes falleció el actor mexicano Gonzalo Vega, diagnosticado con pre-leucemia desde el 2010 y con síndrome mielodisplástico desde entonces. Nacido en la Ciudad de México, estudio actuación en la UNAM y lo mismo destacó en cine y televisión y que teatro, donde representó La señora presidenta durante 17 años, ingresando al Record Guinness por haber celebrado más cambios de vestuario en esa obra de teatro: casi 50 mil. A manera de homenaje recuperamos esta charla realizada con el actor, donde mostró abiertamente sus fobias políticas, su aversión por el feminismo y criticó ciertos patrones de conducta de los mexicanos, en un tono que no se desprendió del todo de su célebre personaje femenino, la señora presidenta Martina.

¿Gonzalo Vega sabe quién es?

Mmmmm, generalmente sí, pero nunca he sido una persona precoz. Tardé muchos años en saber quién soy, pues en esta carrera debes ser muy inconsciente y no cuestionarte tantas cosas. Por eso los grandes actores no necesitan psicoanalista pues están ávidos de saber. El diván es para los mediocres.

‘La Señora Presidenta’ sobrevivió al sexenio de Salinas, al de Zedillo, al de Fox y más.


Modestia aparte, digamos que se convirtió en un clásico popular. Es una señora que puede decir cosas muy fuertes en el escenario y por ello el público la ve con simpatía.

¿Es una dictadora?

Sí lo es, evidentemente, y yo comulgo con ella. En México dimos el salto mortal de la oligarquía a la democracia y considero que durante un tiempo nos faltó una manita dura para disciplinarnos. No andar preguntando a tanta gente lo que se tiene qué hacer cuando todos sabemos eso.

¿Qué es lo que “ya sabemos”?

Casi todos queremos la pena de muerte; queremos que se acabe la violencia, que la ciudad esté en orden, que se acaben las marchas, pero como hay que preguntar a tanta gente, ese paso a la democracia provoca que todo tarde demasiado.

¿O sea que no comparte las consultas populares que propone gente como Andrés Manuel López Obrador?

¡Claro que no! Solo es un ejercicio de populismo. ¿Qué tiene que opinar López Obrador al respecto de muchas cosas? ¡Por favor, que Dios nos libre de ese señor!

Entonces, ¿mano dura es mejor que plebiscito?

Sería bueno probar unos añitos nada más para recuperar el respeto por los demás. Sales a la calle y nadie respeta a nadie. Todos nos paramos donde nos da nuestra chingada gana. Lo que nos importa es llegar y el de atrás vale madres.

¿Y harán falta más mujeres en la política?

Pues me van a odiar pero, ve los ejemplos que tenemos: ¡Ninguna mujer está apta! Y te daré un ejemplo: hace años dedicaron la entrega del Ariel a la labor de la mujer en el cine mexicano. ¿Cuál labor, cuál? Díganme una. ¿Qué películas han dirigido? Han aparecido, han salido, pero esas cosas se ganan históricamente por lo que esa dedicatoria fue gratuita y demagógica.

“Queremos la pena de muerte, que la ciudad esté en orden, que se acaben las marchas…”

No podemos negar, Gonzalo, que hay mujeres valiosas.

Te voy a decir quiénes son: Aquellas de pocos recursos que posiblemente viven en Ciudad Neza, que se levantan a las cinco de la mañana, dejan la comida hecha y llegan a las siete de la mañana a maquillar a actrices pedorras en Televisa o Tv Azteca. El tipo de mujer que habla mucho en México ¡ppppprrrrrrrr! (les dedica una trompetilla). Estoy con la que no habla, que se fleta y se pone con su cuerno.

No me digas, ¿qué traes con las que hablan?

Te voy a decir por qué no funcionan. No están hablando, están ladrando. Es como aquel que habla de ecología y en su vida se ha parado en un bosque. Las mujeres están así ahorita, oyeron campanas y no supieron dónde. Hace 30 años se comenzó a hablar de feminismo, pero ya se desfasó todo eso. Una mujer centrada, es consecuente con su familia, con sus hijos y su trabajo y generalmente es valiosa por eso. El movimiento feminista tuvo su cenit con el uso tan chafa y pintoresco que se ha hecho de Frida Khalo, ¿Qué es eso? Hasta ofende. 

Ahora está mal visto pero, ¿el joven Gonzalo jugaba a jotear?

Desgraciadamente, cuando me propuse ser actor había muchos prejuicios en la carrera. El juego al que te refieres ahora lo ejercitamos todos los días aquí en el teatro, en esta compañía donde, por cierto, no hay ningún homosexual.

En tus incursiones como Martina, ¿qué es lo mejor de ser mujer?

Creo que la mujer aún tiene muchas concesiones que le hemos dado los hombres. Han estado históricamente en desventaja y a raíz de la marcha del feminismo han disfrutado de muchas cosas que no debían. Realmente no hay una competencia leal y ellas abusan de nosotros, sin lugar a dudas.

Debió ser difícil para ti desligarte de la fama que ofrece la televisión.

Y sobre todo competir con toda esta basura o soportar las corruptelas que siempre han existido en la televisión, como “ir a las cenitas del señor”. Se van al carajo, yo no voy a ninguna cenita. En los espectáculos se ha perdido el intercambio laboral verdadero. Hay un concepto que si bien ya ha venido a menos, sigue vigente: “Tú me das las nalgas y yo te doy una novela”. ¡No, no, no, no! A mí no me das nada, el trabajo es una fuerza que cualquiera con talento debiera tener la capacidad de desarrollar.

¿Nunca tuviste temor de convertirte en el Fidel Velázquez del teatro con La señora presidenta?

¡Noooo, ni lo mande Dios! Mira, la palabra profesional viene de profesar. Por eso el prestigio es tan valioso y si por cualquier cosa lo dilapidas, ya jamás lo recuperas.

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