Reportaje

Eliminan "monumentos funerarios" del narco

Autoridades municipales afirman que su intención es mejorar la imagen de la ciudad

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Cenotafio en honor a Edgar Guzmán Saizar, hijo de "El Chapo" Guzmán. (www.jornada.unam.mx/Archivo)

Cenotafio en honor a Edgar Guzmán Saizar, hijo de "El Chapo" Guzmán. (www.jornada.unam.mx/Archivo)

Cynthia Valdez/Milenio
MÉXICO, D.F.- En Culiacán hay 300 cenotafios diseminados, símbolos mortuorios del narcotráfico sinaloense, que mezclan el dolor, la violencia y la muerte.

Hace por lo menos cuatro años la ciudad se comenzó a llenar de esos monumentos funerarios y desde entonces las autoridades municipales analizaron que hacer con ellos.

Ahora la Dirección de Servicios Públicos puso en marcha el programa de sustitución de cenotafios por placas al nivel del suelo, a fin de proyectar una mejor imagen de la ciudad y, de paso, facilitar la visión de los automovilistas y el paso de transeúntes.

Emma Karina Millán Bueno, titular del Consejo Municipal para Prevenir y Atender la Violencia Intrafamiliar, señaló que “detrás de cada cenotafio existe dolor y luto, que es algo que el ayuntamiento respeta totalmente; pero el retiro es precisamente estar con la gente y ofrecer una mejor ciudad”.

Precisó que las placas llevarán grabados el nombre de la víctima, así como sus fechas de nacimiento y muerte. Mencionó que en esta primera etapa de trabajo con los familiares, ya son 10 los que han autorizado la sustitución de su cenotafio por la placa.

Se busca convencer a la población de que éste es un “programa benéfico, de que ninguna manera se quiere ofender a alguna familia. Si una familia da el visto bueno para que se retire, así va a ser, pero si no lo da, simplemente no se retirará”, manifestó.

Rosa Tamayo, directora de Servicios Públicos, informó que el precio de cada placa es de 500 pesos, y confían en que en esta primera etapa intercambiarán 140.

La cara cruel

Uno de los cenotafios destacados de la ciudad, que incluso se ha convertido en un “atractivo turístico”, es el que se encuentra en el estacionamiento de la plaza comercial City Club, por el bulevar Universitarios, en la colonia Seis de Enero. Ahí fue abatido a tiros Édgar Guzmán Salazar, hijo de Joaquín El Chapo Guzmán, jefe del cártel de Sinaloa, en mayo de 2008, luego de la fractura que sufrió esta organización criminal.

Es una cruz de hierro y cantera que ha adquirido notoriedad porque desde hace cinco años amanece todos los días con flores frescas.

Tiene la leyenda “Siempre los amaremos”, en referencia a los dos jóvenes que fueron ejecutados junto con él. Se trata de César Loera Guzmán, sobrino de El Chapo y Arturo Meza Cázares, hijo de Blanca Margarita Cázares, La Chiquis, considerada por el gobierno de EU como una de las principales lavadoras de dinero del cártel.

Los jóvenes esperaban que la novia de uno de ellos saliera del supermercado, cuando fueron sorprendidos por sus atacantes, quienes usaron rifles de asalto y una bazuca. Era el 8 de mayo de 2008 y con esas muertes se inició formalmente la guerra entre Guzmán Loera y sus antiguos socios, los hermanos Beltrán Leyva.

Otro de los cenotafios más llamativos es el de Rodolfo Carrillo y su esposa Giovana Quevedo, en la plaza Cinépolis, quienes fueron abatidos en septiembre de 2004. Carrillo era hermano del extinto narcotraficante Amado Carrillo Fuentes, El señor de los cielos, jefe del cártel de Juárez.

Aunque hay cruces por víctimas de accidentes automovilísticos, la mayoría fueron colocados para recordar a ejecutados relacionados con la lucha contra el narcotráfico.

Evitar una necrópolis

En marzo de 2009, MILENIO informó que Culiacán se estaba convirtiendo en la ciudad de los cenotafios, pues ya en ese entonces el cabildo calculaba que habían sido instalados unos 200 de esos símbolos.

“La proliferación de cenotafios no es tan extraña, en cierta forma, en una ciudad como Culiacán, donde capos y sicarios se entierran como faraones en tumbas de tres pisos que mandan a hacer en el panteón Jardines del Humaya, o bien, donde Jesús Malverde, el santo de los narcos, tiene su capilla, a un lado de las oficinas de gobierno”, reportó MILENIO. Al respecto, Óscar Loza Ochoa, entonces regidor del PRD, propuso retirar los cenotafios “antes de que la ciudad se convierta en una necrópolis o parezca un cementerio”.

—¿Qué es lo que propone?

—Propongo que haya un lugar en Culiacán donde todos podamos ir, no solo para llorar a quienes sus seres queridos perdieron la vida... sino un lugar donde puede haber también expresiones solidarias del resto de la sociedad. 

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