En Marruecos persiste boda entre violador y víctima

A pesar de que fue anulada en 2014, muchas mujeres son presionadas a contraer matrimonio con los hombres que abusaron de ellas.

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De acuerdo con Human Rights Watch, el código penal marroquí no reconoce la violencia doméstica como crimen. (internacional.elpais.com)

De acuerdo con Human Rights Watch, el código penal marroquí no reconoce la violencia doméstica como crimen. (internacional.elpais.com)

Agencias
MARRUECOS.- En el mundo existen millones de casos sobre la violencia de que son víctimas las mujeres. Hay países donde no son tomadas en cuenta o donde son intercambiadas como mercancía; en otros, son obligadas a casarse siendo unas niñas o son víctimas de abuso sin que sus agresores sean castigados. Ante esa violencia recurrente, El País publica un reportaje sobre las leyes en Marruecos en caso de violación contra las mujeres.

Ya han pasado cinco días desde que la cadena 2M emitiera un programa donde aconsejaba cómo maquillar los golpes, en el Día Mundial contra la Violencia hacia la Mujer. El canal estatal, el segundo más visto del país, pidió disculpas el viernes pasado. La dirección alegó que esa sección de belleza había incurrido en un “error de apreciación”, prometió que tomaría medidas contra los responsables de la difusión del programa, pero nada ha ocurrido hasta ahora. 

El escándalo refleja la realidad de una sociedad donde las costumbres tardan mucho tiempo en adaptarse a las leyes contra la violencia de género y donde solo el uno por ciento de los agresores machistas son perseguidos penalmente, según una encuesta publicada en 2011 por el Alto Comisariado del Plan, el organismo oficial de estudios estadísticos.

En la página de Facebook, donde el canal pidió disculpas aún se pueden leer los comentarios de los internautas escandalizados: “¿Usted no tiene vergüenza? ¿Un error de apreciación?”, comenta un internauta. Y otra señala: “Puedo organizar una visita de su maquilladora a un centro de acogida de mujeres víctimas de la violencia. El maquillaje es bastante ineficaz contra las heridas de navaja”. 


Y otro “Entonces, ¿cada cronista escribe y trata el tema que quiere sin ningún control? ¿No hay reuniones antes de la difusión? ¿Ni aprobación por parte del jefe de la redacción, ni de la presentadora del programa ni de nadie?”.

El código penal marroquí no reconoce la violencia doméstica como crimen, según denunció el año pasado Human Rights Watch. Y hasta hace solo dos años el código permitía a los violadores librarse de la cárcel si se casaban con la víctima. La ley fue derogada en 2014, después de que en 2012 se suicidara Amina Filali, una menor de 16 años forzada a casarse con su violador. 

El código penal fue modificado, pero la realidad social tarda más tiempo en cambiar. Y la realidad es que las mujeres con hijos fuera del matrimonio, ya sea de forma consentida o por la fuerza, suelen ser repudiadas hasta por sus propias familias. Y les quedan muy pocas opciones donde elegir.

Forzada por el novio 

En noviembre, cuando Alhucemas se encontraba bajo el trauma de la muerte de un vendedor de pescado triturado en un camión de la basura sin que aún se hayan aclarado las circunstancias, Habida Yakubi, de 38 años, estaba a punto de tomar una de las decisiones más importantes de su vida: ¿retiraría la denuncia contra el hombre que la había violado y así permitiría que él saliera de la cárcel? Yakubi tiene un hijo de ocho meses producto de aquella supuesta violación. Él le había prometido que si salía se casaría con ella. Y si ella retiraba su denuncia, él podría salir.

Habida Yakubi llevaba ocho meses refugiada en una casa de la Unión Nacional de Mujeres Marroquíes. Le pidió consejo a Nazíha Boukhiar, la directora del centro. “Y yo le dije que eso era algo muy personal que solo podría decidir ella”, relata Boukhiar. Los hermanos habían abandonado a Yakubi, no tenía adonde ir y solo contaba con esa casa de acogida.

“Éramos novios desde hacía tres años”, comentó Habida Yakubi, “pero cada vez que yo le hablaba de casarnos él me decía que no tenía dinero o me daba cualquier otra excusa. Hasta que me forzó”.

“Habida no tenía nada cuando llegó aquí”, relata Nazíha Boukhiar. “Un hermano que tiene en España dejó de hablarle. Y dejó claro que si ella no arregla los papeles para casarse, él no quiere saber nada de ella. Otro hermano que tiene en Marruecos ha venido a verla alguna vez, pero no quiso acogerla. Y el bebé, si el padre no le da su apellido, estará muy mal visto en la sociedad. A esos niños se les llama hijos del pecado”.

Finalmente, la familia de Habida y la de su supuesto violador acordaron que si ella retiraba la denuncia él se casaría. Habida la retiró, él salió de la cárcel y ahora ella vive en casa de su suegra. El próximo 25 de diciembre tendrán que presentarse ambos en el juzgado para otorgarlo el apellido al niño.

“A pesar de todo”, explica Nazíha Boukhiar, “Habida ha tenido mucha suerte. Si los gendarmes y los jueces no hubieran creído que fue violada ella estaría también en la cárcel, porque en Marruecos están prohibidas las relaciones fuera del matrimonio. Los jueces le creyeron y ordenaron que se hiciera una prueba de ADN al padre del niño, que negaba ser su padre. Y tuvo suerte también por haber encontrado un centro que la acogiera durante tanto tiempo. Esto no es normal. Aquí la hemos enseñado a leer y le hemos dado todos los alimentos y la ropa que necesitaban ella y su hijo. Si no, el único destino de Habida habría sido la calle”.

La forma de combatir en cualquier lugar la violencia es la denuncia contra el agresor. Pero a veces la ley no lo pone fácil y la sociedad tampoco.

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