24 de Julio de 2017

Opinión

Es la educación, estúpido

Es verdaderamente surrealista lo que está ocurriendo en México en el arranque de este 2017 que amenaza con ser aciago para nuestra golpeada sociedad...

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Es verdaderamente surrealista lo que está ocurriendo en México en el arranque de este 2017 que amenaza con ser aciago para nuestra golpeada sociedad, martirizada por malos gobiernos en los tres niveles de poder que reflejan nuestro verdadero espíritu nacional: el gandallismo y el deseo innato de joder al prójimo.

El fracaso de la Reforma Energética que se hizo sentir en el gasolinazo más doloroso de los últimos tres sexenios; el dólar repuntando a su máximo histórico tras la primera maniobra del odiado presidente gringo, Donald Trump, que de un manotazo en el escritorio echó abajo los planes de inversión de Ford por mil 600 millones de dólares en nuestro territorio, mientras lanzó la advertencia de que “aún hay más”; el nombramiento de un canciller que no domina las artes de la diplomacia y que llega “a aprender” en tiempos donde la política internacional hierve por su complejidad, y la imparable violencia que se vive en todo nuestro territorio nacional, son una pincelada de un cuadro depresivo, que sin embargo es una cotidianeidad tolerada y aceptada por el feliz pueblo mexicano.

Sí, porque el mexicano es feliz, según el estudio del “Happy Planet Index” 2016, solo por detrás de los costarricenses. Faltaba más, jodidos pero contentos.

Pero, ¿por qué en México no existe el valor social para cambiar las cosas? ¿Por qué la corrupción se mama desde el hogar, aunque sabemos que es el cáncer que nos tiene en la ruina? ¿Por qué seguimos votando por partidos y políticos que no hacen más que depredar recursos públicos a pesar de que nos decepcionan una y otra vez? ¿Por qué seguimos esperando a que venga un “mesías” a cambiar las cosas, cuando esto es sencillamente imposible, si no cambiamos como sociedad?

¡Es la educación, estúpido!, sería la respuesta más acertada para estas interrogantes del México del siglo XXI.

En palabras llanas, somos un pueblo mal educado, tanto en lo académico como en lo cívico. Y estoy convencido que esta mala educación es por diseño, por el claro interés de que las masas no salgan de su ignorancia y mediocridad.

No, no es una teoría de la conspiración, sino una realidad. El Sistema Educativo Mexicano está podrido de origen, e intentar encontrar la punta del hilo en esa madeja de culpabilidades es sencillamente imposible.

La Reforma Educativa –el otro gran fracaso del sexenio– colocó al maestro en el centro, como el único responsable de los mil problemas educativos, y a manera de castigo aplastó el futuro laboral de quienes decidieron dedicarse a esta noble profesión. Como docente, siempre que un alumno me dice que su sueño es ser maestro, lo exhorto con ahínco a que explore otras opciones laborales, porque elegir la docencia en la actualidad es un suicidio profesional y económico. Así de sencillo.

Las escuelas formadoras de maestros (normales) son las peores instituciones de nivel superior del país, y eso ya es decir mucho. Las dos normales de Quintana Roo no son la excepción. Los licenciados en educación que egresan de sus aulas son una contradicción en sí misma, ya que su mayor carencia es, justamente, la educación.

La inversión en educación a nivel nacional es ridícula si se compara con los países punteros con los que se pretende competir, y basta recorrer las escuelas públicas para enumerar las carencias de infraestructura. En contraparte, la educación privada es un lastre social, que, para colmo, ni siquiera contribuye en mejorar los resultados.

Como consecuencia de esta mezcla de males el mexicano promedio no lee, no analiza, no reflexiona y no critica, es un sujeto proclive a la manipulación y que consume sin digerir lo que las élites ponen en sus mentes.

Por eso el PRI regresó a la presidencia con un monigote vacío que hoy tiene a su partido en el precipicio, y por eso México se mantiene pasivo mientras unas cuantas familias acaban con la riqueza nacional.

No habrá “primavera”, si primero no hay educación.

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