Miércoles, 28 de Septiembre del 2016

La prisión del sufrimiento

La ofensa y el daño son dos cosas distintas y la lección intermedia consiste en aprender a negarse a sentirse ofendido.

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La ofensa y el daño son dos cosas distintas y la lección intermedia consiste en aprender a negarse a sentirse ofendido. 'Es Aceptar el daño sin sentirse ofendido y convertir el daño en ayuda'. La peor opción es la violencia porque vuelve 'la ofensa con daño' y muchas veces sin darnos cuenta caemos en la 'prisión del sufrimiento'.

Se puede usar el sentido del humor para relajar la situación. 'Muchas personas en lugar de sentirse felices quieren que las personas felices compartan su malestar'. No hay que permitir que el problema de otro pase a ser nuestro. No permitas que te traspasen su problema.

Ofenderse no tiene ningún sentido. Siempre y cuando los perjuicios sean verbales, solo daña los intereses de las personas que los reciben. La mejor defensa consiste en negarse a sentirse ofendido. La peor defensa consiste en buscar la ofensa en cada esquina. Bien dice Eleanor Roosevelt. 

'Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento'. Si es posible sufrir un daño y no una ofensa por un lado, y sentirse ofendido pero no dañado por otro, entonces la ofensa y el daño no pueden ser lo mismo. Cuando logres que lo que te ofende no te haga daño, has pasado a tener mente libre y abierta en base a tu dignidad.

¡Cuántas personas viven en su prisión autoimpuesta del sufrir! Muchas gentes viven en esta prisión, 'La prisión del sufrimiento'. Sufrimos cuando nos causan un agravio, cuando nos enfrentamos a la maldad, cuando nos tratan en forma injusta, cuando nos portamos mal con otra persona, cuando perpetuamos maldades o cuando cometemos injusticias. 
Tenemos la libertad de salir de esta prisión pero no lo hacemos.

Todos los seres humanos tarde o temprano vamos a sufrir. La pregunta clave no es ¿si la persona sufrirá?,  sino ¿qué la hará sufrir?

Y otra pregunta será ¿cómo intentara aliviar el sufrimiento?. La respuesta que llegue determinará si hace aumentar su propio sufrimiento o disminuirlo. Desgraciadamente hay muchas formas de aumentar el sufrimiento y pocas de disminuirlo.

Para dejar de sufrir hay que aprender aceptar. La vida no es como creemos que debería ser. Yo no soy como los demás quieren que sea. Tú no eres como a mí me convendría. ¡Cuando me acepto, comienzo a cambiar!

Bien dijo Teresa de Calcuta: 'Pasamos mucho tiempo ganándonos la vida, pero no el suficiente tiempo viviéndola'. 

Roberto Díaz y Díaz
Médico Pediatra, conferencista.
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1 COMENTARIO

Manuel

Sabiduria pura.Me dio gusto aprender,comprender y agradecer que alguien comaparta estos valores que no todo publico se detiene a reflexionar.

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