Gastón Lámbarry
Monólogos de la Regina

Regina y el helicóptero

'Jacinto, el primo del compadre, es piloto de helicópteros y lo multaron por aterrizar donde no debía'...

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Alegre como siempre, llegó la Regina a la casa el viernes. A pesar de ser una mujer que vive metiéndose en problemas y sacando de ellos hijos, su figura es como una reserva natural cuya belleza y perfección provoca la intromisión de la mano del hombre. 

Al observarla, muchos entrados en años recuerdan que, después de los 50, el método anticonceptivo masculino más eficaz es la desnudez. 

“Estamos recolectando dinero, Don”. “¿Y ahora por qué?”. 

“Jacinto, el primo del compadre, es piloto de helicópteros y lo multaron por aterrizar donde no debía. Estamos juntando dinero para que pague, porque no fue su culpa”. “No me digas que…”. “Sí. Le tocó llevar a un cliente de esos poderosos. Iba con dos amigos. Mientras volaban, el cliente le mostraba a los amigos desde el aire todas sus tierras. Iban tan alto, que a uno de los amigos le pareció ver muchos animales abajo y, como no veía bien, le preguntó: ‘Oye tocayo, ¿y todo eso es ganado?’ y el otro contestó: ‘Para nada, tocayo. Todo eso es robado’. De ahí, volaron al mar y le ordenaron a Jacinto bajar en una playa; y pues obedeces o te despiden. Resultó que ahí no podían bajar y multaron al pobre del primo con un dineral… y todo por culpa del ricachón”. 

“Son prepotentes, Regina. Es extraña la ligereza con la que esos malos mexicanos creen que todo les saldrá bien. La estupidez, combinada con la arrogancia y un enorme ego, es lo que los hace actuar así y luego nadie los castiga. Ojalá el destino les cobre algún día, Regina. Te ayudo a juntar dinero para Jacinto”.

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