El secreto de aceptar

Cuando negamos o rechazamos lo que 'es', aparecen el conflicto y el sufrimiento...

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El realismo no se opone al amor, lo modula, lo aterriza, lo vuelve más humano y menos celestial.- Erick Fromm

Cuando negamos o rechazamos lo que “es”, aparecen el conflicto y el sufrimiento. A veces no nos es posible resolver conflictos porque fuimos educados para lo que debemos ser y ocultamos o negamos lo que realmente somos. 

Este conflicto interior lo proyectamos al relacionarnos con otras personas idealizando al otro, por ej., “tienes que dejar de ser como eres. Si quieres estar conmigo, haz el esfuerzo y modifica esto y esto otro… así estaremos juntos y felices”. Rechazamos “lo que es”. Podemos no entender, no avalar, no compartir con otra persona, pero no tenemos derecho a pedirle que cambie y que sea como uno quiere. 

Aceptar la humanidad del otro puede ser: “No me gusta tu actitud, me molesta lo que haces, pero no te pido que cambies para permanecer conmigo… sigue siendo como eres… yo sigo mi camino…”. Somos egoístas por  naturaleza; si queremos, podemos educarnos, todos los días, para trascender nuestro ego y ser totalmente responsables de nosotros mismos. 

Hay quienes se instalan en el dolor. Honrar la vida es tomarla tal cual es: con un principio y un fin, con salud y enfermedad, con lo grato y lo doloroso, con el amor y el desamor. Aprender de lo que sucede, es madurar. Preguntarnos ¿para qué está pasando esto en mi vida?, ¿qué mensaje me trae? Estas preguntas nos llevan a una reflexión sin juicios, serena y sensible. Al hacer contacto con lo ocurrido, sin reclamos ni reproches, de nuestro interior sale una fuerza sanadora que nos modifica y libera de las ataduras para seguir creciendo. En mi experiencia, las circunstancias dolorosas abren puertas para ver y mirar con claridad caminos nuevos de fe y trascendencia. 

El desacuerdo con nosotros mismos provoca un gran dolor. Rechazamos aspectos de nuestro cuerpo y también de nuestra interioridad. Hay que darse cuenta cuándo se está siendo cruel con uno mismo, por ej., al mirarse desde los ojos de los demás. 

También es cruel evaluarse desde el ideal, o sea, la perfección de uno mismo; sobreviene la autoexigencia que es una presión exagerada, el reproche y el rechazo que resulta en mucha amargura. Carl Rogers dice: “Paradójicamente, cuando me acepto como soy, puedo modificarme…”. 

Es muy importante ser auténtico e ir aceptándose como un ser humano que posee el anhelo y el deseo profundo de reconocer la gloria de su propia naturaleza, recuperando la armonía con el fluir de la vida y así ser y vivir mejor.

¡Ánimo! hay que aprender a vivir. 

Josefina Centeno de R. Valenzuela
Psicóloga, terapeuta.
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