16 de Noviembre de 2018

Cancún

José María: un pionero que extraña la calma de paraíso

Llegó al destino en 1972, y tras 46 años, piensa emigrar ante el aumento en la inseguridad.

"Venía de una ciudad bulliciosa y con muchas comodidades, pero la tranquilidad que aquí se respiraba y veía en un campamento de trabajo era incomparable". (Ivett Ycos/SIPSE)
"Venía de una ciudad bulliciosa y con muchas comodidades, pero la tranquilidad que aquí se respiraba y veía en un campamento de trabajo era incomparable". (Ivett Ycos/SIPSE)
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Claudia Olavarría/SIPSE
CANCÚN, Quintana Roo.- El 3 de mayo de 1972 llegó José María Calderón Pérez decidido a trabajar en el Proyecto Cancún. El próximo mes cumplirá 46 años de radicar en el destino, pero ante la inseguridad que predomina tiene planes de emigrar.

Calderón Pérez fue uno de los pasajeros del primer vuelo comercial hacia Cancún; salieron a las 8 de la mañana de la Ciudad de México y llegaron al mediodía.

En la Navidad de 1971 el entrevisto vino de paseo y quedó maravillado de la belleza natural de la época, la tranquilidad y la hermandad que había entre los pocos pobladores, por lo que unos meses después decidió viajar a la selva quintanarroense y ser parte de los pioneros del norte de Quintana Roo.

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“Venía de una ciudad bulliciosa y con muchas comodidades, pero la tranquilidad que aquí se respiraba y veía en un campamento de trabajo era incomparable; más que un pueblo, eso permitió vivir con carencias como el teléfono, la televisión, no había familias, sólo hombres trabajando”, recordó el entrevistado.

Antes de radicar en Cancún vivió en la Ciudad de México, una urbe con excesiva actividad que no terminaba de gustarle porque sus orígenes son campechanos, un lugar apacible; al conocer el destino quedó enamorado, que aunado a la cercanía de su natal Campeche, tenía la esperanza en algún momento de regresar ahí.

"La tranquilidad que aquí se respiraba y veía en un campamento de trabajo era incomparable"

De 1972 a 1987 Calderón Pérez vivió solo en Cancún dedicado a hacer un patrimonio para su familia y traerla de la capital del país, hasta que hubiera una escuela para la mayor de sus hijas, y un poco más de comodidades.

En su relato dijo ser feliz de poder participar en la creación de la ciudad, pero sobre todo verla transformarse cada día; recuerda muy bien las supermanzanas 3 y 22, de las primeras en desarrollarse y paulatinamente el resto.

“El primer presidente municipal de Benito Juárez, cuando el llamado Proyecto Cancún fue elevado a la categoría de municipio, no fue electo; tuve la oportunidad de trabajar con él, era un caballero y gran persona, lo mismo que Felipe Amaro Santana”, recordó.

“En esa época fuimos una sociedad que se conocía muy bien". (Ivett Ycos/SIPSE)

Un paraíso para la familia

El comercio ha sido desde siempre su principal actividad y eso le permitió formar un patrimonio para su familia.

“En esa época fuimos una sociedad que se conocía muy bien; en mis años de soltero, porque la familia estaba en la capital, disfruté de la vida nocturna de Cancún, del mar y sus comunidades, cuando llegó la familia fue otra cosa”, indicó.

A su llegada junto con otras personas rentaron una casa en Puerto Morelos frente al parque principal, propiedad de Don Susano Cetina. Entre los cuatro que alquilaron arreglaron la vivienda y la dejaron a su gusto, incluso pusieron aire acondicionado para vivir cómodos, después de un arduo día de trabajo en Cancún.

“Nuestra diversión era ir a Puerto Juárez entre las 19 y 20 horas a los únicos dos restaurantes a esperar el camión procedente de Mérida; la estación de la terminal estaba a cargo de “Picho” Mendoza y Don Efraín; a tomar un vaso con leche y un emparedado, no había más, porque estaba prohibida la venta de alcohol”, señaló.

"Hoy la inseguridad es tan grave que mis planes de residencia han cambiado" (Ivett Ycos/SIPSE)

En esos años Cancún estaba en construcción y la prioridad era la zona hotelera, en la que un ejército de trabajadores de la construcción de todos los niveles, al terminar la jornada regresaba al campamento a dormir, y la entrada a lo que hoy es la avenida Kukulcán tenía una cadena y guardias a cargo de Víctor Rojas para evitar el paso, por seguridad y para evitar el robo de herramientas y material.

“Hay muchas cosas que debimos conservar; la planeación no fue tan buena y hoy la inseguridad es tan grave que mis planes de residencia han cambiado, en busca de un lugar donde predomine la paz”, recalcó.

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