Cancún: Los riesgos sociales y ambientales del Tren Maya, según 30 especislistas

Exponen sus análisis en un estudio abalado por el Conacyt, poco difundido.

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(Harold Alcocer/SIPSE)
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Cancún.- Un grupo de 30 científicos contratados por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología para realizar un estudio de impacto sobre el paso del Tren Maya en el sureste mexicano ven riesgos ambientales y sociales en este proyecto de desarrollo.

El estudio  “Territorios mayas en el paso del Tren: situación actual y riesgos previsibles”, revela que el Tren Maya propiciará la degradación, deforestación y fragmentación de cuatro áreas naturales protegidas de Quintana Roo: Yum Balam, Manglares de Nichupté, Uaymil y la Reserva de la Biosfera de Sian Ka’an.

Asimismo, expone riesgos a la identidad cultura y posible mercantilización de la cultura indígena; violación al derecho a la tierra y mecanismos de financiamiento que no favorecen a los propietarios de las parcelas en los polos de desarrollo, así como la sobredensificación del corredor turístico Cancún-Tulum.

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Este análisis fue entregado al Conacyt en octubre pasado, pero la institución nunca lo dio a conocer de manera formal, según expuso uno de los integrantes del grupo científico.

Dicho cuerpo académico está conformado por investigadores de prestigio de la Universidad Nacional Autónoma de México, el Colegio de la Frontera Sur; el Laboratorio Nacional de Vivienda y Comunidades Sustentables; Centro de Investigación Científica de Yucatán; Universidad Autónoma Metropolitana ; Instituto Nacional de Antropología e Historia y el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, entre otros.

“El documento ofrece información a los diversos actores de la sociedad, del gobierno y de la academia que tienen interés o la responsabilidad de contribuir activamente a garantizar la prevalencia del bien público, la mejora del bienestar social de los habitantes y el cuidado de la biósfera en estos territorios”, se lee en la introducción.

El estudio explica que El Proyecto Tren Maya (TM) que traza una ruta de infraestructura ferroviaria con desarrollos turísticos, habitacionales y de traslado, almacenamiento y comercio de mercancías de tipo diverso, supone un profundo reordenamiento territorial en cinco estados del sureste de México.

Riesgos ambientales

El grupo científico detalla que el Tren Maya transitará en dos regiones con suelo distinto. Por una parte, los municipios de los estados de Chiapas y Tabasco se caracterizan por suelos profundos, mientras que la Península de Yucatán tiene un sistema de suelo kárstico, de roca carbonatada y un acuífero a escasos metros de profundidad.

En la región peninsular, indica, el Tren impactará los macizos de selva más grandes y en mejor estado de conservación de México y Mesoamérica, áreas con manglar y otros humedales.

Entre las áreas naturales protegidas que podría impactar negativamente el trazo del tren se encuentra Yum Balam, Manglares de Nichupté y Uaymil, así como la Reserva de la Biosfera de Sian Ka´an. Entre las consecuencias se prevé la pérdida de servicios ambientales como las recargas al manto freático o su capacidad para capturar dióxido de carbono.

Riesgos al patrimonio histórico y cultural

En los alrededores del trazo del Tren Maya el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) tiene registro de siete mil 274 sitios arqueológicos. De éstos, mil 288 se encuentran a distancias no mayores a 10 kilómetros de la vía férrea, de manera que tendrían una afectación directa.

“Atendiendo a los cálculos de pasajeros y carga del tren, podrían implicar la destrucción irrecuperable de posibles vestigios culturales, daño físico, adulteración o uso turístico excesivo”, apunta.

Por otra parte, refieren que es necesario evaluar el tipo de visitantes que llegará a las comunidades, pues probablemente oscilará en una gama que va desde los interesados en la cultura maya, respetuosos ante los hallazgos, hasta los turistas en busca de diversión en todas sus formas.

“Es demostrable que una parte significativa de este turismo se relaciona con actividades como prostitución, trata, consumo de alcohol y drogas en exceso y eso repercute en su descuido e irrespeto con el entorno, que pone en riesgo el patrimonio cultural que todavía no tiene la protección adecuada”, añade el estudio.

Derechos indígenas

En la ruta del Tren Maya por el sureste mexicano hay 197 localidades indígenas con aproximadamente 143 mil 866 habitantes; si se piensa en una franja más amplia en los 10 kilómetros próximos de ambos lados de la vía, la cifra incrementa a mil 147 comunidades con una población indígena de 620 mil personas.

Refieren que el Convenio 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales de la OIT firmado por México establece el derecho de los pueblos indígenas a mantener y fortalecer sus culturas, formas de vida e instituciones propias, y su derecho a participar de manera efectiva en las decisiones que les afectan, garantizando la propiedad de sus tierras, los recursos naturales de sus territorios.

En el caso del Tren Maya, indican, no se cumple con estos requisitos previos porque no se ha hecho público el proyecto correspondiente ni los estudios de ingeniería básica e impactos ambiental, cultural y social. “Incluso el trazo en uno de sus tramos ha sido modificado y rectificado sin asegurar cuál es el trazo definitivo que se propone”.

Del mismo modo, argumenta que el mecanismo de inversión que propone el gobierno federal a través de Fideicomisos de Bienes Raíces (FIBRAS), si bien no implica la expropiación, podría dejar a los ejidatarios con una participación accionaria mínima y sin los derechos de uso.

“La tierra que sirva como soporte de las FIBRAS ya no podrá ser recuperada a menos que los propietarios tuvieran el capital suficiente para comprar la totalidad de los certificados bursátiles que se emitan o todos los inmuebles construidos encima de las tierras, y que los otros inversionistas quisieran vender”, detalla.

 

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