19 de Septiembre de 2018

Ciencia y Salud

'Las pirámides no fueron construidas para cargarse de energía solar'

Un astrónomo de la UNAM dijo que estas construcciones, y en general las grandes ciudades, tenían otra vocación durante el Equinoccio.

En Teotihuacán cada año llegan cientos de personas vestidas de blanco con la idea de subir a la gran pirámide y renovar su energía. (Notimex)
En Teotihuacán cada año llegan cientos de personas vestidas de blanco con la idea de subir a la gran pirámide y renovar su energía. (Notimex)
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Agencias
MÉXICO, D.F.- La palabra Equinoccio procede del latín “Aequinoctium”, que significa “noche igual”, la que se produce cuando los dos polos de la Tierra, Norte y Sur, se encuentran a la misma distancia del Sol, por lo que la duración del día y la noche es idéntica, lo mismo que la luz que se proyecta en ambos hemisferios, explicó a Notimex el astrónomo mexicano Daniel Flores.

Mencionó que el Equinoccio de Primavera ocurrido este viernes y para notar este fenómeno desde la cotidianidad de cualquier ciudadano, basta con observar que el Sol sale en el punto cardinal Este y se oculta en el Oeste.

“Otro modo de advertirlo es a través de los edificios prehispánicos, como en Teotihuacán, donde la proyección de la sombra forma a una serpiente que desciende lentamente por la gran Pirámide del Sol”, abundó el especialista del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Fenómenos astronómicos como los equinoccios o los solsticios, añadió, “nos dan oportunidad para mirar hacia el cielo, contemplar la bóveda celeste y poder observar que la mente humana ha podido resolver y explicar muchos fenómenos de la naturaleza que hoy en día podemos comprender en su totalidad.

“A través de las centurias, el hombre se ha fijado en los movimientos de los astros, particularmente del Sol y de la Luna”, y a partir de tales observaciones la humanidad ha construido calendarios solares y lunares, explicó.

“En esta medida, al verificar que el equinoccio ocurre siempre en la misma fecha surgió el deleite conceptual de las civilizaciones. Al unir los sucesos astronómicos y con los sucesos marcados en el calendario surgió la necesidad y el gusto por celebrar y actualmente es uno de los goces más grandes de las personas”, puso en relieve.

El Equinoccio, continuó, sucede un par de ocasiones cada año. La primera es el 20 o 21 de marzo y la segunda el 22 o 23 de septiembre, y en ambos casos suceden y son visibles desde cualquier punto de la superficie terrestre.

El especialista también hizo referencia a la idea que ha crecido en las últimas décadas entre la población mundial, la de asistir a las zonas prehispánicas para “cargarse de energía solar”.

“Las pirámides prehispánicas, particularmente en México, no fueron construidas para cargarse de energía solar. Los edificios, y en general las grandes ciudades, tenían otra vocación. Además de ser casa-habitación, eran centros ceremoniales religiosos, sociales y científicos.

“El Equinoccio de Primavera viene tras el Invierno, con sus bajas temperaturas y, al llegar, las culturas antiguas hacían ceremonias para pedir y agradecer las cosechas”, refirió.

Cuando la gente se asolea en la playa, o en el patio de la casa o la azotea, recibe energía del Sol.

Por otro lado, las radiaciones de la energía a lo largo de las estaciones del año no cambian, la cantidad que llega del Sol a la Tierra es la misma todos los días y en todas las épocas del año, advirtió el entrevistado en relación a la referida creencia.

“Lo que cambia es el ángulo de incidencia con respecto a la superficie de la Tierra. Como nuestro eje de rotación está inclinado con respecto al plano de la órbita de la Tierra, se crean las estaciones del año, sin que con eso cambie la cantidad de energía que llega a la Tierra; ir a las pirámides es un hábito y una creencia que hay que respetar y como ejemplo basta citar que el ambiente en Teotihuacán se anima a cada minuto”, anotó.

A esa zona arqueológica del Estado de México cada año llegan cientos de personas vestidas de blanco con la idea de subir a la gran pirámide y renovar su energía. Muchas también realizan ceremonias enmarcadas en la mexicanidad, en la idiosincrasia nacional.

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